Carlos Castro Riera
El mensaje del papa León XIV, del 7 de abril del 2026, en contra de la política guerrerista de Trump, y la defensa de la dignidad, la paz y la vida de los pueblos, tiene una fuerza ética mundial que trasciende cualquier conducta política exterior perversa y genocida de quien se cree “monarca del mundo” que amenaza con destruir la civilización de otro país.
En efecto, la reacción del papa León XIV, frente a la declaración de Trump de amenazar con la destrucción de la civilización iraní, si bien tiene una connotación política, no puede ser reducida a una disputa política específica entre el papa y el presidente de EE. UU, ni fue esa la intención del papa, tanto más que el mismo declaró en forma expresa en su viaje a Argelia, que “No veo mi papel como el de un político. No soy un político. No quiero entrar en un debate con él”.
El pronunciamiento de León XIV, se basa en una sencilla, humilde y diáfana reflexión: “El que reza es consciente de sus propios límites, no mata ni amenaza con la muerte. En cambio, está sometido a la muerte quien ha dado la espalda al Dios vivo, para hacer de sí mismo y de su propio poder el ídolo mudo, ciego y sordo (Sal 115,4-8), al cual sacrificar todo valor y pretender que el mundo entero se doblegue ante él. ¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra! La verdadera fuerza se manifiesta en el servicio a la vida”.
Esa reflexión del papa, se inspira en el amor al prójimo y la solidaridad con el dolor de los pueblos del mundo avocados a nuevos genocidios como en Gaza, la demencial explotación económica y financiera, el abandono del derecho internacional, el derecho internacional de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, la utilización del terrorismo, la fuerza y el poderío militar para trazar el destino de otros Estados, someterlos a designios extranjeros e imponerles gobiernos títeres, el ecocidio planetario para favorecer a las transnacionales mineras, la mercantilización y manipulación de la salud y la ciencia médica para satisfacer a las empresas farmacéuticas, el quebranto de la soberanía alimentaria de los pueblos, el dominio y control en el acceso a los alimentos, la agudización del hambre y la crisis del agua. A todo esto, debe sumarse el avasallamiento cultural y el control transnacional de la información y comunicación mundial.
La preocupación de León XIV por el destino de la humanidad y las monstruosidades sociales desatadas por la civilización decadente, los “malvados”, “prepotentes”, “soberbios” y los que tienen “idolatría de uno mismo” y “delirio de omnipotencia” que dominan el mundo, tiene base en la realidad del sufrimiento de la inmensa mayoría de la humanidad y por ello aboga por la solidaridad y la construcción de una cultura de la paz, vida y dignidad, y reitera en el mensaje evangélico de que “el corazón de Dios está con los pequeños y los humildes”. “Y con ellos lleva adelante su reino de amor y de paz, cada día”.
Frente a la fuerza ética del pronunciamiento papal, la reacción furiosa vanidosa, irrespetuosa y egocéntrica de Trump, mereció el rechazo mundial de personas, grupos y representantes de todas las tendencias políticas, porque la guerra causa retroceso, sufrimiento, destrucción de la naturaleza, mayor enriquecimiento de las empresas vendedoras de armas y mayor pobreza a las poblaciones civiles asoladas por los bombardeos, aumento de migrantes y refugiados, elevación del costo de la vida mundial y la amenaza de una nueva conflagración que barrería la “civilización mundial” y no solo el exterminio de la “civilización iraní”.
Que la humanidad y el destino del planeta esté guiada y en manos de un minúsculo grupo de personas “enloquecidas” y “cínicas”, que han perdido los sentimientos humanos, límites morales y éticos, suplantándoles con un comportamiento sádico que recuerda a los ideólogos y criminales nazi fascistas, revela la situación a la que ha llegado el actual “orden social”.
Esta situación se torna más grave cuando este mal ejemplo de “personajes” con graves trastornos, es seguido por ciertas autoridades de diversas partes del mundo, que emulan esa conducta política antiética, arbitraria, inhumana, violenta, racista y autoritaria que solo conduce a una posible reedición del totalitarismo fascista.
Es de esperar que la ciudadanía mundial recobre la fuerza humanista, la ética, la esperanza, la criticidad y de batalla cultural e ideológica a la bestia fascista.
Foto portada: https://acortar.link/bkqDgo
Asesor jurídico, articulista de “El Mercurio”. Participa en algunas organizaciones ciudadanas como el Cabildo del Agua de Cuenca, el Foro por el Bicentenario de Cuenca y en una comisión especial para elaborar el Sistema Nacional Anticorrupción.