Todo lo que acontece en el país, al presente, parece una obra adherida al género literario conocido como drama, en la cual, de forma omnipresente, conviven la tragedia y la comedia. Dicha realidad con el término dicotomía denota correlación y sobre él quiero enfatizar, porque será el concepto rector de la presente disertación.
Para quienes desconozcan a qué alude esta palabra, la misma refiere, en este contexto, a la división de algo en dos partes, las cuales son excluyentes entre sí y, desde mi percepción, en la actualidad es tal su estelaridad, que nuestra nación, carente de una definida identidad debido a su inherente diversidad, ha encontrado en dicha polarización su tan ansiada afinidad.
Así, para ahondar en este tópico quiero centrarme en un caso acaecido en la capital azuaya, urbe que en las últimas semanas se ha convertido en escenario de una batalla campal con dos bandos muy definidos, que destacan por su ser pasional: el uno, fiel al burgomaestre, pero de cariz muy pedestre; el otro devoto a una edil, quien se ha topado con un ambiente tremendamente hostil.
Ambas actitudes ponen sobre la palestra que la racionalidad se ha vuelto una postura inserta en el espectro de la exclusividad y que lo que está en boga es mostrarse de manera frecuente como alguien vehemente.
La premisa se reduce a que la gestión del alcalde es de impoluta negación y que la demanda, por violencia de género, interpuesta por la concejala debe ser tomada con absoluta inadmisión. Para muchos, esto solo es una estratagema política y a ella, denunciar anomalías, solo le ha ocasionado el escarnio público y, por tanto, que su caso sea minimizado.
Esta perspectiva refuerza lo argumentado, ya que el hecho de que el alcalde efectúe obras, en pocas palabras que cumpla con lo adeudado, no quiere decir per se que eso le exima de responsabilidad ante cualquier irregularidad, sobre todo en un contexto donde el machismo parece poseer indestructibilidad.
En consecuencia, trabajar a cabalidad, no implica, necesariamente una actitud de respetuosidad y, para mí, dicha postura de polaridad, muy propia de nuestra realidad, no es otra cosa que rezagos de época medieval.
Para explicarlo, he de subrayar que toda la filosofía occidental, responsable de modelar nuestro lóbulo frontal, yace impregnada de la escolástica, corriente de pensamiento, donde la dicotomía posee pleno reconocimiento; esto ha desembocado en una tendenciosa binariedad, ocasionando total falta de ecuanimidad.
Las gamas no se deben omitir, porque son el punto preciso donde se da el vivir; lo esperado hubiese sido que dicho modus operandi mental se haya modificado, pero pareciera que, con el transcurrir de cada año, se intensificara al cotejarlo con épocas de antaño. Esta dicotómica inclinación genera tal complicación que en psicología se considera una distorsión cognitiva, en pocas una especie de patología.
Por tanto, los ecuatorianos se han acostumbrado a creer que únicamente hay blanco o negro, solo día y noche, pero la vida es mucho más compleja que eso; necesitamos desarrollar el pensamiento crítico y para esto es fundamental esforzarnos en reflexionar.
Mi postura no es a favor ni en contra del alcalde o la concejal, sino en evidenciar lo negativo de ser extremadamente pasional. Se hace imprescindible aprender las dos caras de la moneda a ver, sin endiosar, ya que es más que evidente que el pensamiento dicotómico continúa latente.
Al día de hoy, la tendencia es resignificar; así, si antes, “Dios y el Diablo” eran concebidos como el bien y el mal, la gente, empleando personajes del panorama político actual, les dota de dicha simbolización como si alguno fuera un ente salvador y el otro una abominación.
Volvamos al matiz y no permitamos que nuestra vida sea manejada por un solo cariz. En este punto me pregunto ¿será que la acérrima religiosidad, fundada en la dualidad, generó que nuestros cerebros procesen la realidad de manera unilateral?
Más que nunca el desarrollo de la cavilación se posiciona como una obligación y, a más del evento expuesto, la muerte de la activista polaca demuestra que el pensamiento crítico debe primar. No sé qué estamos haciendo mal, para que esta forma de concebir la realidad siga teniendo tanta presencia en nuestra sociedad.
Redefinamos conceptos para expandir intelectos y, así, propender a que el pensamiento crítico y la reflexión sean los que moldeen a nuestra Nación.
Potada: imagen del autor
Humano curioso, observador y pensador innato. Amante de la historia, cultura y geografía. Licenciado en Gestión Cultural por la Universidad de Los Hemisferios (Quito); máster en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla (Sevilla); especialista en Gestión de Museos y Centros Culturales por la Universidad del Azuay (Cuenca). Se dedica a la investigación de manera independiente y, en este sentido, su área principal de indagación está centrada en la historia arquitectónica, social y cultural de la capital azuaya y sus alrededores