Uno de los factores que hay que retomar, resguardar y fortalecer en Cuenca, es la gestión institucionalizada de la administración municipal.
No se debe confundir la necesidad de vivir en una sociedad con una institucionalidad democrática, con una posición conservadora que pretende simplemente estabilizar un sistema social injusto.
La institucionalidad democrática implica, ante todo, el respeto al sistema de derechos, la soberanía popular, competencias, la participación y deliberación ciudadana organizada en la toma de decisiones, la planificación y el control popular de la gestión pública, transparencia y legalidad en la administración, interculturalidad, desconcentración, descentralización, y, honradez y eficacia en el manejo de los recursos públicos.
Uno de los peligros que ha venido acechando a la administración municipal de Cuenca, es el populismo en la gestión pública comenzando por el hecho de hacer las cosas solo con miras electorales, sacrificando los objetivos e intereses estratégicos-institucionales. Tómese solo como ejemplos, la omisión de controles municipales y reformas al ordenamiento territorial en función de intereses inmobiliarios que pulverizan del territorio rural.
Pero el populismo tiene raíces conceptuales, estilos y formas de la gestión pública que descansan sobre un liderazgo personalista, autoritario, arbitrario, demagógico y mesiánico, que menosprecia o desecha los mecanismos democráticos de la formación de la voluntad popular y los mecanismos reglados de toma y operativización de decisiones administrativas.
Es común que el líder populista apele siempre al pueblo y congregue a sus partidarios, simulando actos democráticos, pero en el fondo, las decisiones ya han sido tomadas en su soledad personal, acompañadas, eso sí, de una fuerte publicidad y propaganda de sus “ejecutorias”, al tiempo que desprecia al periodismo independiente o crítico.
Mientras que, en una administración institucionalista, las normas jurídicas, procedimientos y controles cruzados, son el núcleo mismo de la gestión administrativa, y la legitimidad depende del respeto a los procedimientos, incluso cuando los resultados pueden ser gravosos para la propia autoridad, en cambio, para la administración populista se subordinan los procedimientos al resultado, imagen y percepción que pretende el líder.
Mientras para una administración institucionalista, se admite el pluralismo y la existencia de diversidad de conceptos e intereses, que deben ser superados en debate organizado y democrático en los órganos de gobierno establecidos y en la misma sociedad en forma abierta, la administración populista se configura en base a la búsqueda de artificiosos antagonistas o falsos enemigos, en una división entre supuestos “buenos” y “malos” y convocando incluso al linchamiento social y la violencia.
Se puede seguir analizando las diferencias entre estilos institucionales y populistas de administración municipal, pero lo importante es advertir a tiempo que, Cuenca no puede convertirse en un territorio donde el escenario político se contamine de violencia verbal y física, o de competencia de círculos de amidos, jorgas políticas, grupos familiares, o grupos siniestros de poder, o de enfrentamiento entre los mercenarios de la mentira y la calumnia. Hay que cerrar el paso a quienes pretenden infestar el escenario político y social de Cuenca con personajes que solo buscan el poder para sus negocios personales, y a los sujetos que actúan en la sombra de los poderes con vínculos con la delincuencia organizada.
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Asesor jurídico, articulista de “El Mercurio”. Participa en algunas organizaciones ciudadanas como el Cabildo del Agua de Cuenca, el Foro por el Bicentenario de Cuenca y en una comisión especial para elaborar el Sistema Nacional Anticorrupción.