La organización política del mundo, se aparece al sistema feudal, con emperadores, monarcas, Estados convertidos feudos mayores y menores, señores feudales, elites oligárquicas tradicionales y burguesas modernas en la cúspide de la pirámide social y política, haciendo la regalada gana desde los Estados convertidos en haciendas y con siervos de la gleba y poblados despojados de sus tierras, todos vasallos, sirvientes, clientes, pagando rentas por diversos servicios de información, comunicación y más manejados por transnacionales, y trabadores laborando en forma precaria en horas suplementarias no remuneradas.
Los grandes monarcas emperadores hacen la guerra y cruzadas contra los infieles ideológicos en territorios alejados de sus sedes imperiales, apropiándose de recursos naturales, minerales y tierras raras, imponiendo bases militares y administradores de Estados subordinados y serviles, otorgándoles mercedes y beneficios conforme su mayor cercanía y gracia ante los ojos del monarca e imponiendo trabas al comercio a su sola voluntad imperial, como lo hacían los feudos y ciudades aristocráticas entre sí en la época medioeval.
Por su parte los administradores de los Estados, replican la conducta monárquica e imperial, imponen aranceles a su capricho, conceden beneficios al círculo de elites sociales y económicas, hacen repartimientos de territorios a mineros para explotar oro, plata, cobre y tierras raras, despojan a campesinos y pueblos de sus tierras, destrozan selvas, páramos, desecan humedales y pantanos, envenenan las fuentes de agua y construyen endebles relaveras para residuos tóxicos, dejan muerte y desolación en los territorios saqueados, se llevan el material mineralizado en contenedores en sus flotas mercantes y luego vienen por más.
Los gobernantes, convertidos en monarcas pequeños y dóciles, subordinados a los grandes imperios, compiten por quedar bien ante el monarca mundial que, con guiños de ojo, palmaditas en la espalda, adulos y masajes a la vanidad de sus lacayos criollos, consiguen la obediencia total y facilidades para los negocios de las grandes empresas transnacionales, obligándoles a realizar tareas sucias contra su propio pueblo con el auxilio de cuerpos armados convertidos en fuerzas de ocupación interna de sus propios pueblos.
La situación de agudización cada vez mayor de conflictos, guerras, invasiones, intervenciones, ocupaciones, imposición de sanciones y amenazas e inseguridad mundial, y regional, nutre la formación de “clientelas” de Estados que se subordinan, al estilo de las viejas clientelas de vasallos, en la búsqueda de protección y beneficios del gran señor, ofreciendo servicios de la más diversa naturaleza, incluyendo la formación de “clientelas armadas” o “ideológicas” para hacer la guerra a los enemigos reales o supuestos de sus amos imperiales. La llamada Cumbre “Escudo de las Américas” convocada por Trump y realizada en Florida el pasado 7 de marzo del 2026, con la concurrencia y alineamiento de una docena de presidentes de Estados de América Latina, identificados con la derecha más conservadora, es representativa de la formación de estas “clientelas” del mundo feudalizado contemporáneo.
Por su parte el pueblo “titular y depositario de la soberanía”, ha sido sustituido, hoy en el día, por la “soberanía del poder, de los jefes de Estado y de gobierno”, que con espíritu “monárquico” elitista, autoritario y caprichoso, evaden por diferentes atajos, la voluntad ciudadana expresada en democracia directa y terminan realizando los intereses neocoloniales de los Estados y gobernantes imperiales.
En consecuencia, el pueblo está sometido a relaciones sociales y políticas vasalláticas, y gravemente amenazado por la concentración y uso arbitrario de la fuerza, sin que funcionen en forma oportuna los mecanismos de control administrativos, judiciales, políticos o constitucionales del poder político, cada vez más caracterizado por su despotismo, sucediendo Igual con sátrapas locales entontecidos por su vanidad.
Se recordará que, en la época medioeval feudal, la monarquía absolutista se caracterizaba por la concentración del poder en manos del monarca, imperando un régimen político despótico, autoritario, arbitrario, policiaco y militarista, en el que el monarca no responde por sus actos, y no existe poder que controle su conducta, dado que impera su voluntad omnímoda.
Es de esperar que, en medio de gobernantes imperiales, monarcas y sátrapas locales, se abran paso corrientes democráticas, sociales, éticas y ciudadanas que muestren una luz al final del túnel, y para ello no hay que bajar la guardia en el enfrentamiento teórico, ideológico y cultural, sin caer en infantilismos subjetivos y voluntaristas, sectarios y fundamentalistas, que no conducen al logro de objetivos ciudadanos comunes.
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Asesor jurídico, articulista de “El Mercurio”. Participa en algunas organizaciones ciudadanas como el Cabildo del Agua de Cuenca, el Foro por el Bicentenario de Cuenca y en una comisión especial para elaborar el Sistema Nacional Anticorrupción.