El lenguaje y las palabras no solamente comunican, sino que también producen efectos sociales y culturales, dependiendo de quien dice y en qué contexto. Responden a una estratificación social y división de clases. Bourdieu nos habla que el lenguaje es un recurso que tiene valor, como capital simbólico, dentro de un campo social determinado (Bourdieu, 1991).
El lenguaje es una práctica social atravesada por relaciones de poder, historia y dominación. Se convierte en un espacio privilegiado de síntesis cultural. El orden social instaurado con la invasión y la colonización con los virreinatos implicó una dominación económica y política y la clasificación racial de los Pueblos Indígenas internalizándose en las estructuras culturales y lingüísticas. En este sistema de jerarquización social funcionaron los términos cholo, chola, china y reflejan un proceso histórico de superposición y contacto.
Las expresiones “Cholo, Chola, china”, “longa”, “hijita”, son expresiones muy extendidas en Ecuador y Latinoamérica, tanto en medios urbanos y rurales. Están cargados de significados históricos, sociales y culturales complejos. Son marcadores de pertenencia social en determinados contextos de identificación como expresiones de discriminación racial y clasista.
Entre los principales motivos de discriminación se encuentran el nivel de ingresos económicos, la vestimenta, la forma de hablar, el rasgo físico y el color de la piel. Esta discriminación se lleva a la práctica porque es algo que viene desde la época colonial, republicana porque la discriminación es un mecanismo de control para mantener privilegios económicos, políticos y sociales. Al excluir a ciertos grupos, los sectores dominantes aseguran que los recursos y la toma de decisiones sigan concentrados en unas pocas manos.
Es menester conocer el origen lingüístico de estas palabras que siendo clasificadores de género pasaron a tener significados negativos. Pero fuera de la discusión lingüística, nos situamos en un campo, de la construcción histórica de identidades en Ecuador Perú, Bolivia, donde confluyen antiguos sustratos kichwas, Puquinas, Aymaras, Paltas, Calvas y Cañaris, entre otros.
Así:
“Cholo” viene de una raíz mochica, o yunga, cholu, muchacho, joven. Sin embargo, Bertonio señala que podría también provenir del aymara “chhulu, chulu”, mestizo (Luduvico Bertonio, Vocabulario, 1612). Cholo, en la colonia fue usado para designar al mestizo, a una mezcla racial. En ese sentido Garcilazo de la Vega en “Comentarios Reales” (1609) habla de cholo para designar a los hijos de la unión entre negros e indígenas con una clara connotación despectiva. Este testimonio confirma que para el siglo XVII ya había sido incorporado al sistema de castas colonial cargándose de significados jerárquicos y estigmatizantes (Rudy Mendoza, 2026, p, 6). Se entiende entonces que “Cholo y chola” en el virreinato colonial responden a una categoría de clasificación racial que tiene significado de inferiorización y subordinación, dentro de un sistema jerárquico.
“China”, es un vocablo kichwa para referirse a hembra. Los términos cholo, china se usan para designar el sexo del chancho. Sin embargo, en contextos coloniales y republicanos, el término “china” opuesto a “urqu”, macho, adquirió el significado de “sirvienta”, esclava o una mujer de condiciones subordinada (Rostworowski, 1988; Salas, 2008; Andrade y Rohner, 2014). Por eso, las autoridades coloniales dispusieron que los días miércoles y los viernes se efectuara “la entrega de indios y chinas a las familias de esta ciudad, por medio de la Sociedad de Beneficencia” (El Nacional, Buenos Aires, diciembre de 1878).
Este término se expandió durante la colonia hacia otros territorios donde el kichwa es lengua de contacto. A pesar de la connotación despectiva, muchos grupos se han re apropiado del término como un símbolo de identidad cultural (González, 2024). Ese proceso evidencia la capacidad de las comunidades para apropiarse del lenguaje, resignificarlo desde su propia experiencia cultural.
Así, “china”, fue adoptado para referirse a mujer joven de los sectores populares indígenas o mestizos; Cholo se convierte en una expresión de cercanía, pertenencia e incluso de orgullo. En lengua muisca-Colombia había chinu, niño joven, castellanizado a chino. (R. Mendoza, p. 10).
Llamar “cholo, china, longa”, no es un acto inocente ni neutro. Es invocar consciente o inconscientemente una historia larga y conflictiva, pero también viva, en constante transformación. En esa tensión entre pasado y presente, entre estigma y orgullo, “el lenguaje revela su dimensión más profunda: la de ser, al mismo tiempo, memoria e identidad” (R. Mendoza, p. 13).
Desde este enfoque, los términos “cholo, chola, china”, adquieren significados distintos: ser un instrumento de dominación simbólica, o en la familia, o en la comunidad puede significar pertenencia de identidad y afecto (mi cholito, mi chinita). Es decir, las comunidades reinterpretan y han incorporado históricamente en las prácticas sociales. En Loja-Saraguro, Azuay y Cañar se registra el uso del término “china” para la mujer joven, a la pareja o enamorada; cholo, al joven soltero, al indígena desclasado, aculturado. Con ello se describen tanto las huellas de dominación colonial como las estrategias de apropiación y resistencia de sus habitantes.
Retornando al sistema de jerarquización social encontramos mucha literatura de escritores sobre el tema.
“Póngase firme cholo de mierda-le gritó el sargento-. ¿Quién le ha dicho que puede moverse? Vos eres un indio muerte de hambre” (V. Llosa, La ciudad y los perros. 1963).
“Cholo” “cholo” le gritaban en el patio. El insulto caía como una piedra sobre un charco, ensuciándolo todo, recordándole que, para ellos, su lengua y su origen eran una mancha” (J. M Arguedas, Los ríos profundos, 1958).
Para la sociedad mestiza criolla, los indígenas no eran personas, eran solo: “cholos que bajaban de los cerros a ensuciar la ciudad de los reyes con su miseria y sus esperanzas de cartón” Enrique Congrains (Lima, hora cero, 1954). Y esta expresión nos recuerda que el año,2022, Nebot nos decía “indios váyanse al páramo” y “no vengan a Guayaquil mi ciudad”.
“Hay quienes no aguantan ver un cholo con traje. Enseguida sueltan el veneno: ´Ese cholo se cree gente ‘porque se puso zapatos’, como si el cuero cambiara la sangre” (Gregorio Martínez, Canto de sirena,1977).
“La china lo miraba con esos ojos de agua profunda, donde el amor se mezclaba con el miedo de ser siempre la que espera, la que el patrón no ve o el destino olvida en la quebrada.” (Arguedas Diamantes y pedernales, 1954).
“Era una china de trenzas negras como la noche del Altiplano: en su risa iba el trueno y en su callar, un amor antiguo que los hombres de la ciudad no sabían cómo nombrar sin manchar.” (Gamaliel Churata, El Pez de Oro, 1957).
– ¡Esa china me ha embrujado! -decía, con un odio que solo tienen los que aman contra su voluntad, porque en aquel tiempo amar a una mujer de su clase era como renunciar al apellido.” Enrique López Albujar, Matalaché, 1928).
“-Que vengan dos o tres longas con cría. Robustas, sanas. Tenemos que seleccionar” “El cholo Policarpio buscó y halló a las mujeres que necesitaba en una sementera de papas”. (J. Icaza, Huasipungo, 1985 p. 25, 27).
Eliecer Cárdenas habla de cholitas, “…romperá a golpes de puño su puerta frágil diciendo desaforado vengan mis cholitas ricas, mis chacitas donosas vengan” (Cárdenas,1985. Polvo y Ceniza, p. 35).
Los términos señalados de jerarquización y discriminación continúan vigentes y se ha creado y profundizado “indios”, terrucos, terroristas, atrasa pueblos”; “Resentido social”, adjetivo para minimizar frente al derecho de reflexionar diferente y protestar. En las luchas están las expresiones “porque las cholas, campesinas, comuneras indígenas están en la primera línea de lucha en Bolivia”.
Las sociedades mestizas tienen interiorizado estas concepciones y no permiten avanzar a una sociedad plurinacional e intercultural. Lo lamentable y triste es que ahora los desarraigados de las zonas rurales y luego de instalarse en la capital, no solo olvidan sus raíces y se avergüenzan de su lengua materna, sino que discriminan a la gente de su pueblo. Y cuando alguien de estos grupos alaba al patrón y no pone en peligro el poder es alabado y utilizado para reproducir el sistema. Esta realidad confirma que los países andinos y del Abya Yala son racistas más que los europeos.
En este tiempo de avance del fascismo y la ultraderecha se ha observado la racialización y discriminación hacia personas de raíces de Pueblos Indígenas como candidatos/as a la presidencia y vicepresidencia se levanta toda una ola de insultos, caso, de las vicepresidenciales de Perú (Brígida Curo candidata con Roberto Sánchez) y de Colombia (Aida Quilcué, binomio de Iván Cepeda).
En conclusión podemos entender que no hemos podido superar la violencia de la invasión como dice Fanon (1973) “La violencia colonial trata a los hombres de deshumanizarlos. Nada será ahorrado para liquidar sus tradiciones para sustituir sus lenguas por las nuestras, para destruir su cultura”.
Referencia bibliográfica:
Bertonio Ludovico. Vocabulario de la lengua aymara, Luli:https//archive.org
Rostworowsky.M.1988. Historia del Tawantinsuyu, Lima.
Mendoza Palacios, Rudy, 2026. “Cholo”, “chola” y “china” en el Perú.
Portada: imagen tomada de https://n9.cl/7zayk

Nativa de Saraguro. pertenece a la nacionalidad Kichwa. Estudió en Zamora en la Escuela de Líderes. Cursó estudios universitarios en Cuenca. Es abogada, tiene estudios en lengua y literatura, es magister de Estudios de la Cultura y un Diplomado en Educación Intercultural Bilingüe. Maestra de secundaria y educación superior, investigadora. Ha publicado varias obras, así como artículos en revistas y periódicos. Ha desempeñado varios cargos vinculados a Educación Bilingüe. Es conductora del programa Ñukanchik llata Kashpa (Nuestra identidad) en la Radio comunitaria de Saraguro “KIPA RADIO”, FM 91.3.