Antes de que entremos de lleno en la vorágine electoral, es justo y necesario seguir disfrutando y comentando las incidencias del Mundial de Fútbol 2026, aunque no puedo resistir el impulso de hacer un símil entre la Selección Ecuatoriana de Fútbol y los pre candidatos a las dignidades seccionales, en particular en Cuenca y el Azuay, aunque en realidad no exista nada o casi nada en que se puedan comparar; los jugadores de la tricolor antes de saltar a la cancha y hasta el último momento de los partidos que disputó nos emocionaron (no todo el tiempo pero lo hicieron), nos dieron motivos para mantener encendida la llama de la esperanza, para soñar en el ¡sí se puede!; los segundos lamentablemente ni lo uno ni lo otro, hablo por mí y por algunos otros con los que he conversado sobre el panorama que nos espera, otra vez una dispersión enorme (por ahora 13 para la alcaldía y 11 para la prefectura) que provocará que quien gane lo haga con un porcentaje muy bajo de respaldo. No sé a ustedes, pero a mí ninguno de los nombres me emociona en el sentido de que me dé ganas de apoyarlo con bienes y persona, algunos por conocidos otros quien tan será.
En fin, a la política nos referiremos en otro momento, luego de que culmine la cita mundialista. Trataré de centrarme en lo que quería escribir.
El artículo anterior lo dedicamos a la selección, a las emociones y alegrías que el fútbol en general y el juego de los seleccionados nos proporcionan, habíamos ganado a Alemania y la posibilidad de avanzar a la los octavos de final estaba viva, nos tocaba jugar contra México, pena nos daba que nos enfrentemos tan pronto entre latinos, porque ya en las finales a las que aspirábamos llegar, el choque no se podría evitar.
Jugábamos como visitantes, lo que en cualquier competencia pesa, de la misma manera que en todos los torneos nacionales o internacionales ser local tiene su plus, mucho más si de aspirar a la copa mundial se trata. Entonces, jugadores, equipo técnico e hinchada sabíamos que jugar contra México en el Estadio Azteca sería complicado, lo que no imaginábamos era que los hinchas mexicanos y la organización del cotejo se iban a comportar como lo hicieron, actitudes del todo anti deportivas, alejadas años luz del “fair play”, que en otros contextos calificarían al menos como acoso e incluso violencia y debería ser sancionado.
No hay como pasar por alto el escándalo ininterrumpido en las afueras del hotel en el que debían descansar los jugadores ecuatorianos, los abucheos a la salida del equipo a la cancha, al momento de entonar el Himno Nacional del Ecuador, el haber sido vetados de presenciar el partido en el estadio aquellos compatriotas que querían hacerlo, pues no habían entradas disponibles ni espacio reservado como correspondía. No creo equivocarme si digo que nadie imaginó el maltrato al que los ecuatorianos fueron sometidos, pues así como la ganancia o la pérdida del equipo lo es del país al que representa, también las afrentas nos llegan, todos nos sentimos vejados por parte de una población a la que nos sentíamos hermanados.
En el partido la selección mexicana ganó jugando y la ecuatoriana perdió haciéndolo mal, seguramente todo lo narrado influyó en el ánimo de los jugadores, aunque siendo profesionales debieron dejarse la piel en la cancha.
No avanzamos a octavos de final, para nosotros se acabó el sueño mundialista. Estando así las cosas y como en otras oportunidades, luego de pasar el duelo, como nos gusta el fútbol, nos recomponemos y seguimos el campeonato haciendo barra por los equipos latinoamericanos, menos por el mexicano en esta ocasión. No sólo que no queríamos que gane México, sino que nos convertimos el domingo 5 de julio en hinchas a muerte de Inglaterra, habíamos sido maltratados, entonces, todas las energías de los ecuatorianos que vibramos con el fútbol se dirigieron al equipo capitaneado por Harry Kane, que se convirtió en el vehículo que de alguna manera nos resarció.
Justicia divina decían algunos, karma decían otros, porque también hicieron escándalo en el hotel en el que se alojó la selección inglesa –con la experiencia del partido anterior, habrían reservado en 14 hoteles tratando de que no los encuentren-, los abuchearon en el estadio, aunque los hinchas sí tuvieron espacio para disfrutar del juego.
México perdió y nos alegramos, nos seguimos alegrando y posiblemente nos cueste olvidarnos el episodio, porque en el fútbol somos rencorosos.
Seguimos esperando que la Copa la levante un equipo de estos lares.
Portada: imagen tomada de https://n9.cl/6ex5r
Mujer estudiosa y analítica, lectora atenta y escritora novel. Doctora en Jurisprudencia y Abogada – Universidad de Cuenca, Máster en Gestión de Centros y Servicios de Salud – Universidad de Barcelona, Diplomado Superior en Economía de la Salud y Gestión de la Reforma – Universidad Central del Ecuador. Docente de maestría en temas de políticas públicas y legislación sanitaria –Universidad Católica de Santiago de Guayaquil; en el área de vinculación con la sociedad, legislación relacionada con el adulto mayor – Universidad del Adulto Mayor. Profesional con amplia experiencia en los sectores público y privado, con énfasis en los ámbitos de legislación, normativa y gestión pública.