Karwa killa, agosto, es el tiempo de la Madre Tierra porque se encuentra dispuesta a recibir el agradecimiento de los humanos. Pensar en ella y sentir que realmente pertenecemos a ella, todo un tiempo, se ha vuelto difícil.
El hombre andino había logrado alcanzar una civilización tan avanzada que todo estaba ordenado en tal sentido que la economía, la política, la sociedad a través de sus relaciones de producción y sus manifestaciones ideológico-culturales y religiosas, y aun las militares, estaban jerarquizadas bajo las fuerzas de un estado inteligente (Waldemar Espinoza, Los Incas, abril de 1990, p. 438) que priorizaba la relacionalidad y la sacralidad de la naturaleza. Las culturas tuvieron estrecha relación con la naturaleza basada en el respeto, la reciprocidad y el equilibrio de su entorno. No obstante, los invasores europeos no quisieron entender su cosmovisión del mundo porque no estaban en condiciones intelectuales y morales de hacerlo, y los que tuvieron la obligación de entenderla: sabios, doctos eclesiásticos o laicos, prefirieron optar por la obsesión, la codicia y el fanatismo religioso.
El capitalismo ha reducido las conmemoraciones y las fiestas a una sola: la fiesta del mercado global materialista y consumista; ha convertido el mundo en un inmenso centro comercial del que entran y salen trabajadores, funcionarios, migrantes que trabajan y turistas que consumen (Alvar Miralles, 2026, 30 de julio). Nuestra filosofía de vida por la migración y el deterioro de las condiciones de vida también se ha ido perdiendo ante las presiones del mercado y los estados desarrollistas y se ha floklorizado.
Agosto es el mes del diálogo con las divinidades: cerros, montañas, lagunas, manantiales y ríos, el rayo y los dioses protectores que nos acompañan. Es concienciar nuestro vínculo con la Madre Tierra, tierras y territorios porque somos bacterias y como tal somos parte de ella. Por ello, rendimos homenaje a la Madre Tierra reconociendo su importancia como fuente de vida y memoria ancestral.
Cada pueblo y nacionalidad tiene sus diversas formas de realizar ceremonias y ofrendas de agradecimiento. Algunas lo efectúan en la cima de las montañas, a la entrada de las cuevas, en las hendiduras, porque se dice que es la boca de la Tierra. La expresión “la boca abierta de la tierra” tiene que ver con el sentido de la reciprocidad de los pueblos (Sofía Chipana); no tenemos solo que exigir a la tierra que nos dé, sino nosotrxs también tenemos que dar, ofrecer nuestro cariño y cuidado. De ahí que, agosto es el mes de ofrecer la mejor ofrenda. Si no se tiene un trozo de tierra, se puede hacer en el jardín de la casa. Se prepara una fuente con los alimentos, los frutos y semillas más lindas, con las flores, hojitas de coca, un poco de panela o azúcar, como licor, la chicha o el aguardiente, símbolo del agua. Se realiza una meditación y diálogo con la Madre Tierra, pidiendo disculpas, si ha contaminado con insecticidas. Posterior a ello se coloca en un hoyo la ofrenda, que se llama kamariy, paqo, corpacha; ofrenda que se realiza en gratitud y reciprocidad porque la tierra es origen de vida, nos sostiene, nos da cobijo, nos permite sembrar y cosechar.
Todas las ceremonias nos conecta a una conciencia que somos cuerpos inter-relacionados en una memoria larga, esto nos lleva a reconocer que somos parte de un tejido de vida de una historia cósmica de millones y millones de años. Esa memoria nos permite seguir siendo y estando en el kay pacha. Una ceremonia y meditación nos ayuda a conectar con las memorias largas de ancestros y ancestras. Ellas nos enseñan que esta memoria larga está inscrita en nuestros cuerpos, en nuestros huesos; es decir, está en nuestro ADN en conexión con otras vidas anteriores.
Nuestrxs ancestrxs nos enseñaron, la “tierrita merece respeto y amor, es sagrada”. Quizá el respeto no empieza con una ofrenda, una publicación o una fecha en el calendario. Empieza cuando volvemos a mirar con atención, cuando entendemos que cada árbol, cada río, cada piedra, cada montaña y cada pedazo de tierra no están aquí para servirnos, sino para recordarnos de dónde venimos. De volver a caminar con más respeto, con más conciencia y con más gratitud, porque si nos olvidamos de nuestra Madre Tierra, olvidamos una parte de nosotros; si no la cuidamos, ella también se olvida de nosotros (Gregorio Mamani). Además, cuando olvidamos a la tierra, las semillas se mueren y al final cuando ellas mueren estamos en peligro, se termina la Vida y tal vez por ello cuidar de la Madre Tierra siempre fue la forma más sencilla de volver a casita.
Agosto trae el viento fuerte, los fríos, los páramos. Es el mes de las fiestas de las vírgenes, como la Virgen del Tránsito, Del Cisne (15 de agosto), representación de la Pachamama. Los pueblos andinos tienen mucha devoción a las vírgenes, la deidad femenina estaba ligada a la lluvia, al agua, la fertilidad de la tierra, la salud, el bienestar de la familia.
En la provincia de Loja la lluvia significaba la esperanza y por ello las devociones van hacia las deidades femeninas. Desde el siglo 18 surge la Virgen del Cisne, para implorar la lluvia, la salud, el bienestar y la protección en los difíciles caminos, por eso tienen tantos romeriantes. El 3 de agosto inicia la novena de la Virgen hasta llegar el día 15 de agosto, que es la fiesta, y el 17 es la salida a la ciudad de Loja. Según los historiadores este punto del Cisne fue una Waka principal parte de los ceques que conectaba con el Kori kancha del Cusco, y por eso tiene una gran energía.
Galo Ramón (2026) indica que agosto es el mes del re-encuentro con la tierra y con una identidad que pertenece a la deidad femenina, es historia y comunidad porque es un compartir entre mucha gente que se da cita a este lugar. La lluvia es símbolo de deidades femeninas, de ahí que en los lugares secos como Macará, Zapotillo, Celica, Paltas y Zosoranga, las devociones son femeninas. En tanto que, en territorios más húmedos, como Mercadillo, Saraguro, Espíndola, Gonzanamá y Yangana están relacionados con las deidades masculinas: Cristo crucificado, Jesús del Girón, el Señor de la buena muerte, el Señor de la Esperanza y estaba relacionado con el orden comunitario, la justicia, resolución de conflictos.
En el mundo andino, las deidades eran masculinas y femeninas, una dualidad kari-warmi para la vida. La primera mujer waka fue Cahuillaca y el primer hombre dios Cuniraya Wirakucha, este engendra a Cahuillaca, del cual nace una linda niña (Mitos de Huaruchiri).
Cada cultura y comunidad tienen sus propias formas de relacionarse y agradecer a la Pacha. Los Diaguitas ofrecen agradecimiento a la Madre Tierra, al Mar nuestra que está en la tierra sobre la cual nos movemos, tenemos cerros, pastos y su oración: “a ti honramos y servimos comprometidos en ser guardianes de la naturaleza, amando, cuidando todo lo que nos has dado, tus frutos son tu generosidad. Guíanos en nuestro viaje a través de la vida. Y te pedimos Madre Tierra para tener un relevo generacional”.
En definitiva, la Tierra y la Pacha son sagradas y debemos cuidarla. Pues cuidar a ella es cuidar el Agua, nuestra vida, identidad y sabiduría, las semillas, los alimentos, porque si las semillas mueren y no hay Agua, estamos en peligro de muerte. Es nuestra responsabilidad cuidarla para las generaciones actuales y futuras, expresando la gratitud por la vida, por los alimentos, el agua y todos los bienes que hacen posible la vida.
En el cuidado al planeta siempre, siempre hemos estado los pueblos nativos y quizá por ese reconocimiento se haya declarado el 9 de agosto como el Día de los Pueblos Indígenas, aunque son simples declaratorias sin acciones concretas para atender las múltiples necesidades que afrontamos. Sin embargo, por defender la naturaleza, los territorios, el agua y los derechos colectivos los dirigentes son criminalizados y encarcelados.
Es necesario también señalar el 12 de agosto es el Día de la Juventud, la esperanza de un nuevo mundo que no se deja atrapar por la IA. Recordamos también el día 12 de agosto, los 50 años de encarcelamiento de Monseñor Leonidas Proaño junto a doce obispos que se encontraban reunidos evaluando el cumplimiento del Concilio Vaticano II. Proaño con una gran sensibilidad humana levantó a los pueblos indígenas; por tanto, este mes de agosto es muy importante.
Agosto es un tiempo de resistencia, un tiempo para replantearnos nuevas formas de relacionarnos con la tierra, y expresar los desacuerdos con todos estos sistemas de gobiernos que favorecen solo a ciertos grupos oligárquicos, así como a la agroindustria que están contra la vida de los territorios y todas las formas de vida.
Para defender la Tierra, el Agua, los derechos, la Vida, es urgente la unidad, organización, movilidad y lucha con un corazón sincero, de solidaridad para tejer juntas y juntos la vida de otra manera.
Portada: imagen tomada de https://n9.cl/zwiol6

Nativa de Saraguro. pertenece a la nacionalidad Kichwa. Estudió en Zamora en la Escuela de Líderes. Cursó estudios universitarios en Cuenca. Es abogada, tiene estudios en lengua y literatura, es magister de Estudios de la Cultura y un Diplomado en Educación Intercultural Bilingüe. Maestra de secundaria y educación superior, investigadora. Ha publicado varias obras, así como artículos en revistas y periódicos. Ha desempeñado varios cargos vinculados a Educación Bilingüe. Es conductora del programa Ñukanchik llata Kashpa (Nuestra identidad) en la Radio comunitaria de Saraguro “KIPA RADIO”, FM 91.3.