Al frente, las columnas de hierro empiezan a asomar, obreros que visten cascos amarillos y chalecos tomates, puntuales llegan a las siete aunque su retiro oscile entre las cinco y las seis, dependiendo de los trabajos. El ruido es incesante. Una enorme grúa azul, muestra ineludible de los avances tecnológicos, facilita y agilita la construcción del complejo inmobiliario…
Es junio y es posible contemplar hermosas vistas de Ictocruz, Turi, El Verde, Monjas, Guzho y otras montañas. La ventana tiene una panorámica de aproximadamente 20 km hacia el sur de la ciudad, mas con el tiempo apenas observaremos un alto edificio de nueve pisos que va tomando forma y que sustituyó a un verde pasto donde ranas y otros anfibios solían solazarse.

Los edificios crecen como hongos y van remplazando a amplias y bonitas viviendas, en su mayoría con jardines y/o huertos. Supongo que los recuerdos se evaporan a la velocidad con la que las casas son derruidas. Todo el paisaje va tomando otra cara, no necesariamente más bella, y lo más grave es que esta tendencia va imponiéndose por doquier. El pretexto es detener la expansión urbana, sin embargo, quien quiera que mire los cerros que nos rodean o pasee por la ruralidad podrá comprobar que la ampliación de la frontera urbana continúa acelerada. Una investigación advierte: “en las últimas décadas, las transformaciones territoriales en el periurbano de Cuenca se han acelerado, soportando fuertes impactos negativos en su medio físico natural y en sus asentamientos, en medio de una gestión municipal con instrumentos de planificación poco efectivos y permisivos”. Por otra parte, el diagnóstico del Plan de Desarrollo y Ordenamiento Territorial señala que “únicamente el 53,8% de viviendas son de tenencia propia, existiendo 61 mil hogares que no son propietarios de su vivienda a nivel cantonal y que 12 mil familias viven en conventillos o en condiciones precarias de hacinamiento”.
La Organización de las Naciones Unidas propugna que la vivienda es un derecho y no una mercancía. En 2019, Leilani Ferha, Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre vivienda adecuada, declaró que hay una crisis mundial de vivienda, impulsada por la especulación financiera, que está situando a los precios de alquiler y venta fuera del alcance de muchas personas, especialmente en las ciudades. Este fenómeno no es nuevo. En 2025, la FEUE exigía a las autoridades controlar la gentrificación y el precio de los alquileres. Asimismo, se ha alertado que Cuenca se está gentrificando silenciosamente y que el modelo turístico extractivo convierte a la ciudad en mercancía, altera el tejido social comunitario e impone lógicas mercantiles por encima del derecho a vivir dignamente. En resumen, se está destruyendo-construyendo una ciudad destinada a extranjeros y turistas. A propósito del turismo, un estudio sobre plataformas turísticas reveló que éstas impactan de forma directa la dinámica urbana del centro, generando tensiones entre la actividad económica, el acceso a vivienda y la conservación del valor cultural, se han elevado los arriendos y se ha forzado la migración hacia zonas periurbanas.
La relatora Farha remata: “en el marco del nuevo modelo condicionado por las finanzas, la vivienda no se considera un hogar o un lugar donde las familias se desarrollan, un ámbito en el que se generan memorias. La vivienda se considera un activo. Es un bien para una inversión de capital”. Entonces, es válida la pregunta ¿quién realmente se beneficia de la profusión de grandes construcciones y del vaciamiento del centro histórico?
Este derecho a la vivienda y vida dignas, al paisaje y al sol, tiene que ver con Henri Lefebvre y su propuesta del derecho a la ciudad; se refiere al derecho de todos los habitantes a participar activamente en la producción del espacio urbano, priorizando el valor de uso y la vida comunitaria sobre la lógica mercantilista y el intercambio capitalista.

Bióloga por la UDA. Master en estudios interdisciplinarios en sostenibilidad ambiental, económica y social, por la Universidad Autónoma de Barcelona. Integrante del Colectivo Yasunidos Guapondelig y de la Plataforma Ecuador Decide Mejor sin TLC.