Ángel Vera
Colombia nunca ha sido un buen vecino. Un vecino taimado y orgulloso que le ha hecho al Ecuador más daño que cualquiera, no solo porque, en 1922, entregó al Perú los territorios que Ecuador le traspasó para que le cuidaran las espaldas, sino porque en 1860, su caudillo, Tomás Cipriano Mosquera pretendió y le propuso invadir y repartirse el Ecuador, como bien reseñó el coronel Juan Almeida en “La invasión pacífica de Colombia” (IAEN, 1990 pág. 6 y siguientes https://repositorio.iaen.edu.ec/bitstream/24000/4120/1/Almeida%20T.%20Juan.pdf).
Hoy, sin embargo, las relaciones entre Colombia y Ecuador han escalado al límite de la tensión por los desplantes de Petro y Noboa, dos mandatarios que se odian y cuyas consecuencias no las pagan ellos sino sus pueblos, a consecuencia de llevar las relaciones exteriores, Petro con puntillismo y Noboa con el hígado.
Si Petro proclama a Jorge Glas perseguido político y se inmiscuye, entrometido en nuestra política interna, Noboa no contesta con diplomacia sino lo mismo que el irracional presidente gringo Donald Trump, e impone un alza del 100 % al impuesto aduanero a los productos colombianos que entran al país, a lo que Colombia contesta igual. Y todo acaba peor porque ellos, que son más fuertes, nos dejan de comprar y acá llegarán artículos que nos urgen, al doble del precio, entre otros, medicinas.
Así, pues, quien sufrirá al final es el que deja de vender y el que requiere comprar y ese alguien va a ser el Ecuador, no Colombia. Esto, sin considerar que, hace muy poco, el gobierno de Noboa le suplicó a Petro nos venda electricidad cuando deja de llover en Paute.
Las declaraciones forajidas de Petro solo merecían el silencio. Sí, ya se sabe que a él no le interesa confrontar al narco ni controlar su frontera Sur, tierra de nadie, antes dominio de las FARC y hoy de bandas terroristas atomizadas que controlan las economías ilegales: extorsiones, minería y narcotráfico.
Mas ha de subrayarse que esto tampoco es de ahora, pues ningún gobierno del país vecino ha tenido pleno control de su frontera con Ecuador, lo que el narco aprovecha para cultivar coca (sus plantaciones podrían cubrir toda la provincia del Carchi), convertirla en cocaína y sacarla por puertos ecuatorianos, más cercanos y con mejor infraestructura que los de ellos.
Así, la bomba que de por sí es el narcotráfico se agrava por la falta de ministros de Exteriores, profesionales, que orienten con seriedad a sus presidentes, pues las dos cancilleras: Somerfeld, la nuestra y Villavicencio, la de ellos, son dos señoras con cero kilómetros de experiencia en diplomacia. O sea, jodidos. (O)
Portada: foto tomada de https://acortar.link/NHhY88
Periodista, comunicador social, abogado. Hoy, Periodista de Academia TV. Laboré 27 años en medios locales como editor, redactor y reportero. Diarios El Mercurio, La Tarde y El Tiempo; revista Tres de Noviembre del Concejo Cantonal de Cuenca; radios El Mercurio, Cuenca y América.