Manipulando la teoría de Gramsci sobre el dominio cultural e ideológico para asegurar la reproducción y mantenimiento del sistema capitalista, la derecha política neofascista, ha lanzado toda una guerra cultural para enfrentar la resistencia de los pueblos ante un capitalismo cada vez más cruel e inhumano.
En efecto, Gramsci sostenía que un sistema social, y sus clases beneficiarias, se sostiene no solo por el uso de la fuerza desde la sociedad política (policía, ejército, leyes), sino por el logro del consenso cultural, ideológico y moral en la sociedad civil (escuela, iglesia, medios de comunicación, asociaciones, partidos).
Esta ofensiva ideológica cultural de la derecha neofascista utiliza una estructura que concentra redes sociales y medios de comunicación poderosos a nivel mundial, centros (“granjas”) de manejo de robots e inteligencia artificial que operan con cuentas falsas o automatizadas en redes sociales, ejércitos de sujetos asalariados para el ataque, acoso, insulto, mentira, difamación o manoseo del debate (“trolls”), vinculados a grupos económicos monopólicos, grupos de poder político, Estados imperialistas y centros de producción ideológica política (“thinks tanks”) de tendencias ultraconservadoras y neofascistas.
Entre sus líneas de acción fundamentales se encuentra el vaciamiento ideológico del liberalismo radical democrático, el descrédito de la democracia en todas sus formas y del Estado de Derecho, la apología del autoritarismo como estilo de gobernanza efectiva, la legitimación de la superexplotación de la naturaleza, la justificación de la concentración de la riqueza, la naturalización de las diferencias sociales y económicas, el machismo y patriarcalismo, el predominio de las elites, el expansionismo territorial, el neocolonialismo, el supremacismo racial y étnico, el individualismo, la propiedad privada sin restricciones, la libertad total de mercado y las desregulaciones del Estado.
En otro nivel la derecha fascista ataca a la libertad de investigación, de cátedra, la autonomía universitaria, la investigación en el ámbito de las ciencias sociales, las humanidades y las expresiones artísticas y culturales, y paralelamente se amordaza la crítica, la información, se persigue a medios de información y periodistas independientes, las opiniones divergentes, se pregona el pensamiento único proveniente de la autoridad, el oficialismo y el poder político, se acosa y persigue el pensamiento crítico, sin que haya espacio alguno para el pluralismo ideológico, cultural y político.
En este marco ideológico cultural, se culpa de la inseguridad y el avance de la criminalidad a los derechos humanos y sus garantías, las leyes que garantizan el debido proceso, el trato humanitario de detenidos, las medidas para la reeducación, rehabilitación y reinserción social de las personas privadas de la libertad social, la prohibición de toda forma de trato denigrante y tortura a los aprehendidos y presos. El miedo y el terrorismo estatal se impone.
Esta ofensiva del pensamiento antidemocrático, deshumanizante y retardatario, se produce a la par con el crecimiento de actividades económicas vinculadas al narcotráfico, lavado de dinero, tráfico personas, el contrabando de armas y en general un avance de formas de capitalismo degradadas, parasitarias, rentísticas, especulativas, con aprovechamiento de la información privilegiada del Estado, corrupción administrativa e impunidad. Las reglas de juego del mercado se van prostituyendo, no hay espacio para la ética económica, y cada vez más monopolios, oligopolios, transnacionales y multinacionales, por sus prácticas, aparecen como formas de asociación ilícita, delincuencia organizada y en otros casos delincuencia estatalmente organizada.
Esta situación exige profundizar en el análisis sobre las nuevas formas de dominio ideológico, cultural y político, asumir el desarrollo de investigaciones desde un pensamiento crítico y someter a debate las ideas, concepciones, teorías, y expresiones, culturales, científicas y filosóficas, librar y disputar una guerra de posiciones, construir una hegemonía alternativa con intelectuales orgánicos comprometidos con los pueblos, capaces de disputar la cultura, educación y la información, para avanzar en el imperio de la verdad y construir una nueva comunidad de vida entre los seres humanos y éstos con la naturaleza.
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Asesor jurídico, articulista de “El Mercurio”. Participa en algunas organizaciones ciudadanas como el Cabildo del Agua de Cuenca, el Foro por el Bicentenario de Cuenca y en una comisión especial para elaborar el Sistema Nacional Anticorrupción.