1. ¿Cómo se configura una dictadura? Con el monopolio del ejercicio del poder en una sola persona o en un círculo tiránico que ejerce el dominio total sobre la sociedad; es un régimen sin límites jurídicos y de hechos consumados. Una dictadura es incompatible con la democracia constitucional, tolerante y civilizada. Solo puede consolidarse con la sumisión, permisibilidad, y renunciamiento domesticado de sus derechos humanos y políticos básicos por parte de los habitantes de una nación. Es el embrión de una tiranía.
2. Hace más de 230 años, el 26 de agosto de 1789, la Asamblea Nacional de Francia aprobó la “Declaración Universal de los Derechos Humanos y del Ciudadano”, cuyo Art. 16 dice: “La sociedad que no tiene asegurada la garantía de sus derechos, ni tiene determinada la separación de sus poderes, carece de Constitución.” Ese es el caso del Ecuador. La mayoría legislativa oficialista, en forma idéntica a regímenes anteriores, se han convertido en una alfombra que aprueba de modo acrítico todo lo que le presentan. Han aprobado normas profundamente antinacionales, antipopulares, represivas y privatizadoras.
3. No olvidemos que (con Moreno, Lasso y Noboa) han continuado vigentes todas las leyes del correismo, a las que han profundizado ahora, incluso con votaciones compartidas. Todas ellas están al servicio del globalismo y del régimen de Noboa (y de los intereses económicos, políticos e imperiales que encarna); no solo eso, sino que varios de los abogados y asesores del correismo, aplican los mismos métodos que aprendieron cuando acapararon el poder omnímodo para someter a la República y despojar de muchos derechos al pueblo.
4. En esa misma línea el régimen de Noboa subordina en forma evidente a la Administración de Justicia (cuyos jueces en su absoluta mayoría no han sido cambiados), y su influencia alcanza al Consejo de la Judicatura. Es notorio como le obedecen, con sometimiento invencible, la Fiscalía General y la Contraloría, las superintendencias, el Consejo Nacional Electoral. No existe separación sino sumisión total y concentración de las otras funciones del Estado. El proceso de dominación, de un dictador tras otro, encaramados con fraudes electrónicos sucesivos y concertados, continúa inalterable y las distintas fracciones de la oligarquía defienden idénticos intereses.
5. Sin una justicia independiente se impone la arbitrariedad absoluta del régimen que la controla, y, a la par, la indefensión ciudadana. Se festinan sin control en decenas de miles de millones de dólares el dinero de los afiliados y jubilados de la Seguridad Social, la mayor concentración de dinero contante y sonante de la República. La corrupción queda impune, aunque los casos sean escandalosos. Se irrespeta la condición jurídica de los presos. Se acosa a medios de comunicación que informan la verdad; se quebrantan las leyes en forma cotidiana; se pisotean en forma desafiante las garantías constitucionales. La educación y la salud se aprecian en el abandono en medio de permanente y clamorosos reclamos sociales. No hay medicamentos en los hospitales públicos en política perversa e inhumana. Se multiplican las denuncias sobre innumerables enfermos fallecidos que pudieron haberse salvado.
6. Se socava en forma programada al sector petrolero, eléctrico, minero, entre otros, en preludio de un evidente proceso de transferencia indetenible del patrimonio social y nacional. Se labora para convertir a las fuerzas armadas en una segunda policía nacional alejada de la sagrada defensa de la soberanía nacional, su principal razón de existencia. Se abren las puertas del país a fuerzas extranjeras, en contra de los resultados populares, rotundos y apabullantes, de la consulta del 16 de septiembre del 2025. No se informa al país en forma veraz. Muchos aspectos imprescindibles están ocultados de manera maliciosa cuando no difunden engaños encubridores. Avanza un proceso infame de colonización política y depredación de la riqueza nacional. Se bloquean, con artimañas, las consultas populares. Frente al cierre arbitrario de todas las salidas democráticas, le empujan al pueblo desesperado y martirizado, lleno de necesidad y pobreza indescriptible, a que salga a las calles, raudo como un huracán indetenible, para defender sus libertades conculcadas y requerimientos centenarios jamás atendidos.
7. El supremo recurso de la rebelión de los pueblos “contra la tiranía y la opresión” consta como garantía humana en el tercer considerando de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, con la presencia de nuestro país, cuando para motivar su promulgación, consagra: “Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión.” ¡Ante la ausencia reiterada del régimen de Derecho en Ecuador, secuestrado políticamente desde hace varios lustros con reiterados procesos electorales fraudulentos, forzado por las circunstancias más penosas y su situación desesperante, al pueblo solo le quedan las calles!
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Doctor en Jurisprudencia y Profesor de Derecho Económico de la Universidad de Cuenca. Ex legislador, autor de varios libros sobre deuda externa, Plan Colombia y el asalto bancario en Ecuador.