En tantos negros momentos, conmemorar el vil asesinato del Inka Atawallpa ocurrido el 26 de julio de 1533, trae a la memoria cómo entre el crujido de las armas se impuso el duro yugo feudal, luego la tiranía y el colonialismo, hambre, miseria, explotación y esclavitud. El antiguo mundo envuelto en densas tinieblas de ignorancia disfrazada de superioridad, con el mismo carácter de terror y de crudeza que les era ya propio y natural, con el transcurso de tantos siglos de guerras, sembraron el desconsolador espectáculo y ensangrentaron con horror el Abya Yala y el Tawantinsuyu de Los Andes.
Estos crímenes europeos fueron, en su momento expresión de los de los fanatismos de aquella época. Hoy, bajo nuevas máscaras, la codicia por el oro y las riquezas se perpetúan en el capitalismo inhumano, cruel y criminal. Sus ambiciones vuelan hacia América Latina buscando saciar sus ambiciones en los tesoros y recursos de nuestras tierras.
Con la muerte de Atawallpa las culturas americanas más adelantadas que Europa llegaron a su fin. Esto significó la ruptura de un sistema de vida y filosofías de varias culturas, sus valores, principios y un modelo económico y social del mundo andino. Entonces surgió otra forma de humanidad, de un poder basado en el antropocentrismo, la vanagloria de superioridad, el individualismo, frente a lo colectivo comunitario, la solidaridad y la reciprocidad. Un modelo económico de acumulación, de destrucción de la Madre Tierra y la imposición de una religión patriarcal. La clase dominante utilizó como instrumento a la religión para mantener la humillación, la explotación y tranquilizar su conciencia.
Las autoridades políticas en contubernio con las religiosas quitaban las tierras, los correteaban como fantasmas provistos de vida, engañaban a los indígenas. Por tanto, el asesinato del Inca Atawallpa representó un reordenamiento geopolítico, genocidio permanente y destrucción. Desde aquel fatídico día las comunidades y pueblos indígenas permanecen racializados en el olvido y la marginación, como diría Galeano: “Dueños de Todo y dueños de Nada”.
Ricardo Virhuez (2023) en un análisis nos dice: “Lo que empezó en el siglo XVI continúa en el XXI. Todavía los llamamos indios, indígenas, amerindios y no reconocemos sus nombres propios. Todavía les arrebatamos las tierras para beneficio de mineras y petroleras. Todavía insultamos su rica cultura llamándola mitos, cosmovisión, rituales, sagrados. Todavía creemos que sus fiestas y alegrías son folclore, y su arte que viene desde el nacimiento de la humanidad es artesanía. Todavía no comprendemos su equilibrada visión y relación con la naturaleza y les inventamos religiones y dioses. Están ahí y no los vemos. Ellos son nosotros y no podemos vernos”.
Su miopía racista y clasista, se cree superior, y no quiere aceptar que todos somos iguales y con derechos. Por eso, hoy en el gobierno de las oligarquías todavía nos dicen “tribus” “etnias” “arcaicos” a las nacionalidades y pueblos indígenas cuando en realidad son ellos “los elementos arcaicos de la sociedad”(Cartuchi, 2023). Hoy, inclusive, el dictador Noboa nos quiere expulsar de nuestros territorios.
Pese al genocidio de los pueblos del Abya Yala la esperanza de liberación y resistencia ha sido permanente. Nuestrxs ancestrxs han guardado la memoria que el Pachakutik de la oscuridad pasará y llegará uno de luz porque la Pacha se mueve en ciclos, la ciclicidad del Tiempo. De ahí que se han dado movimientos como Inkarri y otros. En casi todas las culturas y pueblos se habla del “retorno” de quienes ofrendaron sus vidas defendiendo la libertad y los territorios.
Los Wankavilkas y moradores de la Isla Puná dicen que el gran jefe “Tumbalá o Tomalá regresará”. El gran señor de las islas murió luchando por defender los territorios de los pueblos de la costa sur del Ecuador entre los años 1458 y 1524. Tomas Katari, Túpac Amaru y Túpac Catari nos han dejado su pensamiento y samay: “Yo muero, pero volveré y seré millones”. Fernando Daquilema: “Hermanos, mañana llegará el día de la liberación”. Esto significa que vendrán tiempos diferentes cuando la humanidad vuelva a pensar en su ser como parte de la energía del gran cosmos como parte de la tierra. Puede expresar el retorno de una conciencia y pensamiento que fue perseguido, fragmentada y obligada a permanecer en silencio.
Regresar es el despertar de una nueva conciencia, de una humanidad de hermanxs en armonía y equilibrio. Una humanidad que recuerde que es parte de la Tierra porque somos Tierra que respira, siente, piensa y camina. De ser “runas” y “gentes” para recuperar la palabra que nos arrebataron, reconstruir comunidades, sanar la relación con la Tierra y los otros seres; que seamos capaces de dejar el odio y las diferencias sociales y poner el cuidado de la Vida, de la Salud en fundamento de nuestras decisiones.
De esta forma será posible transformar esta sociedad oscura materialista, acumuladora, centrada en el poder de pocos, dejando de competir para volver a ser solidarios y complementarios, pensar en el bienestar colectivo poniendo en práctica la re-distribución y el compartimiento para evitar la acumulación.
El miedo de la oligarquía es que los pobres, los “Nadie” podamos desatar la historia secuestrada, una historia que ha dejado de respirar, ese pasado vacío, hueco y mudo para instalar un sistema humano, justo y solidario.
A pesar de que la modernidad y la civilización nos va imponiendo con violencia y va tocando los troncos de los arbustos en su afán de exterminarnos, Aquí estamos, No nos hemos ido y somos millones que seguimos en pie de lucha.
Portada: imagen tomada de https://acortar.link/Ti0V70

Nativa de Saraguro. pertenece a la nacionalidad Kichwa. Estudió en Zamora en la Escuela de Líderes. Cursó estudios universitarios en Cuenca. Es abogada, tiene estudios en lengua y literatura, es magister de Estudios de la Cultura y un Diplomado en Educación Intercultural Bilingüe. Maestra de secundaria y educación superior, investigadora. Ha publicado varias obras, así como artículos en revistas y periódicos. Ha desempeñado varios cargos vinculados a Educación Bilingüe. Es conductora del programa Ñukanchik llata Kashpa (Nuestra identidad) en la Radio comunitaria de Saraguro “KIPA RADIO”, FM 91.3.