Carlos Castro Riera
A propósito de la resolución del Consejo Nacional Electoral de adelantar las elecciones previstas para el 14 de febrero del 2027 al 29 de noviembre del 2026, en base a un informe de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos, relacionado con posibles impactos que podría causar el fenómeno climático de El Niño que podría darse, a inicios del 2027, nos trae a la memoria, la relación entre la geografía, clima, política y poder.
Se recordará que ya Montesquieu (1689-1755), para explicar las leyes, las instituciones jurídicas, los ordenamientos jurídicos y sociales, y las formas de gobierno y regímenes políticos, partió de condiciones naturales, tales como factores geográficos, climáticos, demográficos, consuetudinarios y culturales, de cuyo tejido brota un espíritu general (principio), que explica como el Estado y el derecho, se corresponden a las condiciones naturales intrínsecas de las sociedades.
Luego, a finales del s. XIX y comienzos del s. XX, el pensamiento social, evolucionó de la comparación global de la sociedad y la naturaleza, al estudio de la influencia de los distintos factores del medio ambiente, (clima, relieve geográfico, suelo, recursos naturales) sobre los procesos y fenómenos sociales y políticos concretos, llegándose a constituir la corriente del determinismo geográfico que consideraba que toda la actividad de los seres humanos estaba condicionada exclusivamente por el ambiente natural.
Desde la segunda mitad del s. XIX la teoría darwinista de la evolución de las especies por selección natural, interpretada con excesiva amplitud, se convirtió en el modelo de la teoría de la evolución lineal de las estructuras sociales en dependencia del medio geográfico, lo que reforzó, aún más, al determinismo geográfico, supuestamente bien fundamentado desde las ciencias naturales.
El determinismo geográfico tuvo su impulso decisivo con Friedrich Ratzel que en el libro Geografía Política (1897), describió la diferenciación de las culturas en dependencia de las cualidades del medio geográfico, en combinación con especulaciones biologizantes especialmente al tratar de explicar el ensanchamiento o la reducción de los Estados, lo que llevó a considerar el funcionamiento de los Estados como los organismos vivos en los que operan procesos naturales de crecimiento y decadencia, que llevan a que no puedan mantenerse dentro de límites rigurosos, y que, por lo tanto, la supervivencia de las naciones o las culturas, se relacionan con la capacidad de expansión y mejora de su posición geográfica.
Esta teoría basada en la analogía entre sociedad y el organismo biológico, así como la teoría del determinismo geográfico, fueron recogidas por la escuela geopolítica alemana encabezada por Karl Haushofer (1869-1946), para alimentar la ideología política con la que se trató de justificar el expansionismo de Alemania por la falta de “espacio vital” y la supuesta “artificialidad de sus fronteras”, que llevaron a la agresión fascista a otros Estados, el desate de la segunda guerra mundial y el holocausto de los judíos.
Paralelamente el sociólogo sueco Rudolf Kjellén, autor del término “geopolítica”, que lo definió como la doctrina del “Estado-organismo geográfico”, vinculó y mezcló los conceptos del determinismo geográfico, el darwinismo social y de las teorías antropológico-racistas, que vinieron a apuntalar el fascismo, el expansionismo territorial y el guerrerismo.
En la época actual, el gobierno de Trump, ha retomado estas doctrinas del expansionismo territorial, y bajo la inspiración de la doctrina MAGA (“Hacer a Estados Unidos grande otra vez”), la tesis del “Destino Manifiesto”, y bajo el lema “Estados Unidos Primero”, apelando simplemente a su poder militar plantea anexarse territorios, interviene, amenaza, invade, ocupa y lleva la guerra a diversos pueblos, zonas, rutas, países y regiones, para imponer sus intereses económicos y políticos.
Otros Estados también con iguales o similares inspiraciones, asumen y recrean idearios y objetivos de grandeza imperial, territorial o cultural, como el caso del “Gran Israel” (Sionismo), el “Imperio Ruso” y la “China Milenaria”, con ideologías donde se mezclan matices de autoritarismo, populismo, nacionalismo, fundamentalismo religioso y hasta rasgos neofascistas y neo raciales.
Estas conductas imperiales, autoritarias, militaristas, arbitrarias y violentas se constituyen en paradigmas de comportamiento y alineación geopolítica mundial y regional, reproduciendo al interior de los países el avasallamiento de sus pueblos y convirtiendo a los Estados en feudos donde prima la voluntad omnímoda del gobernante, la concentración del poder y la resistencia a todo tipo de control, que conduce a autocracias o dictaduras encubiertos por democracias simuladas.
De lo anotado se colige, que la política utiliza diversos factores, incluidos los geográficos y climáticos, para legitimar sus objetivos, ante lo cual, solo una ciudadanía participativa, crítica y consciente puede develar las verdaderas intenciones de los diversos actores políticos.
Portada: foto tomada de https://acortar.link/scebtX
Asesor jurídico, articulista de “El Mercurio”. Participa en algunas organizaciones ciudadanas como el Cabildo del Agua de Cuenca, el Foro por el Bicentenario de Cuenca y en una comisión especial para elaborar el Sistema Nacional Anticorrupción.