LA MUJER-MEDICINA Y SU PODER SANADOR EN LA CIENCIA Y CONOCIMIENTO ANCESTRAL
En días pasado se llevó a cabo en Cuenca el II Congreso Internacional e Intercientífico de los Saberes Ancestrales que coincide con el mes de la resistencia por el Agua y el Kulla Raymi. El Sitwa killa inicia con la purificación mediante la sagrada diosa líquida que permite la existencia de toda vida en el planeta; es la bondad de la diosa de las alturas que vira su cántaro de agua para que gota a gota alcance derramar y alimentar a toda la humanidad.
Y pues, la continuidad de la humanidad está ligada a la mujer. Y ella al territorio, a las semillas, a la alimentación y la salud. Por eso se señala como Mujer-Madre-Tierra, flor de maíz y de creación. Matriz gestante. Origen de Vida. Las venas azules de sus senos, tejidos de leche, son como los ríos cristalinos que amamantan la vida en la tierra.
En este caminar es fundamental el papel que ha jugado la mujer como creadora, gestora, transmisora, sostenedora de la familia, la comunidad y la sociedad. En la sostenibilidad de la vida, ella se convierte en la Mujer-Medicina. Y hablar de ella es ir a la matriz fundante: la Madre Tierra y su pulso porque nada ni nadie se sostiene fuera de ella.
En su relacionamiento con la Madre fundante fue la primera que aprendió a descifrar los conocimientos astrológicos y biológicos. A la mujer-medicina se debe la domesticación de las plantas, el saber botánico, la evolución de la agricultura, expresados y conservados en prácticas comunitarias de cuidado de la familia, la comunidad, del agua, el manejo de las plantas, ritualidades y normas de convivencia con la naturaleza. Ella descubrió plantas conceptivas y abortivas, probando y validando en su cuerpo y en el de otras mujeres. El conocimiento de las plantas medicinales es trabajo de las mujeres para la salud reproductiva y la alimentación.
Las religiones han hecho tanto daño a todos estos conocimientos y los han catalogado como brujerías y cosas diabólicas; y bajo ese concepto de miedo del poder de las mujeres, las quemaron vivas. La geopolítica del patriarcado encontró un aliado en las religiones por cuanto para el dominio resultó más eficaz moldear la visión del mundo de una población que imponerla mediante la fuerza. Al instalarse como verdad sagrada deja de parecer propaganda y comienza a sentirla como una convicción propia.
¿De dónde viene la mujer medicina?
El origen de la mujer-medicina es la Venus paleolítica, la Venus de Wiliuntur, Encontramos evidencias en las figurillas de culturas ancestrales de más de cinco mil años como Caral, Valdivia, Tolita que tienen vientres y pechos abultados. Estas figuras han sido halladas en el centro de asentamientos circulares, lo cual nos dice que hubo culturas matrilineales cuando todo giraba alrededor de la mujer. De ahí que la mujer medicina está muy cerca del arquetipo de las ancestras.
Con la Inquisición se quemaron miles de mujeres y se pierde toda la formación sobre medicina, astrología y otros conocimientos. En tiempo inmemoriales eran sacerdotisas. Cada pueblo y comunidad tenían mujeres sabías conocedoras de todas las etapas de la vida, sabias del alma y de la tierra que tenían sueños, visiones y mensajes porque hablaban con las montañas, los bosques, con la fauna que les rodeaba, con el mar y los desiertos. Por esta capacidad de conocimiento y poder del mundo natural se las denominó “brujas”.
Al ser las creadoras y perpetuadoras de la especie, su cuerpo es un portal de luz y conocimientos, y se las consideraba como divinidades y diosas. Esta imagen del sagrado femenino fue opacado y aislado por las religiones que son patriarcales y la invasión colonial. No obstante, el linaje mujer-medicina está en la sangre, a través del útero, aunque no lo recordamos está en cada una de nosotras. Son mujeres-medicina porque han nacido con el cuerpo de mujer, con el sagrado femenino relacionado con el vientre de la Madre Tierra.Por este sentido de conexión las mujeres nativas rescatan, preservan y practican la medicina tradicional, cuidan los páramos, el agua pues la biodiversidad de la fauna y flora es su farmacia.
¿Cómo se relaciona la mujer con la tierra? Mujer Madre-Tierra-Semilla: ciclicidad
La correlación de lo femenino está inherentemente en sintonía con la Pachamama. Por ese don de maternar, dar vida, cuidar y sostener a la humanidad se relaciona con la Madre-Tierra, la semilla. La naturaleza es femenina porque nos cría y en su vientre engendra la semilla que crece y nos da alimentos. Bajo este concepto de comunión con el mundo natural al nacer las abuelas parteras han sembrado la placenta-matriz en la Tierra para que exista la conexión con la madre originaria y sea el cordón umbilical. Antes se lo hacía en las montañas bajo rituales específicos; luego la enterraban en un sitio de la casa a fin de que el nuevo ser mantenga su identidad de origen y permanezca vinculado a la tierra, el corazón continué latiendo al ritmo de la Tierra; hoy en día, la ciencia está utilizando la placenta para la conservación de las “células madres”.
La relación con la Pachamama ha otorgado a las mujeres una fuente de poder y conocimiento. En reciprocidad se realizan dos rituales de gratitud al año: el Pawkar Raymi en el equinoccio de invierno (21 de marzo), en agradecimiento a la Madre-Tierra por la crianza de las semillas ya convertidas en las flores y frutos, y es también el homenaje y reconocimiento a la mujer adulta que ha cuidado la chakra y ha entregado los granos de la alimentación a la nueva generación; y el Kulla Raymi que es la celebración del nuevo ciclo agrícola, la siembra de las semillas, de los propósitos de vida y está en correlación con la mujer joven que representa la fertilidad (L. Cachiguango, 2026).
El hecho de vincular a la mujer con la naturaleza se ha codificado a la Madre-Tierra como femenina y como tal, la humanidad la ha degradado, explotado y sometido a la destrucción por la codicia y acumulación de bienes por un pequeño grupo. Es útil la comparación de que unas enormes máquinas de hierro horadan las entrañas de las montañas y páramos sangrando su esencia, es comparable la violencia y abusos sexuales que se cometen contra las niñas y mujeres. Por eso, es importante destacar el concepto de tierra para las mujeres de los pueblos, comunidades y nacionalidades. La Tierra no es simplemente “suelo”, en ella se integra y está el Agua, el Aire, el Fuego, los dioses y apus protectores; es cuerpo, territorio y espacio de disputa de poder por parte de los gobiernos y sus políticas extractivas.
Pese a la globalización y la invasión de la farmacología, aún quedan los saberes de nuestras ancestras que está entre nosotres. Las condiciones de pobreza, marginación y los efectos del cambio climático ha generado la migración de las comunidades hacia las ciudades, obligando a cambios en las formas cotidianas de vida. Sin embargo, la Gran Energía del Cosmos y la Madre Tierra están despertando conciencias y hay un cambio vibracional, iniciado en 2012 y que está permitiendo mayor sensibilidad y conexión con nuestra ancestralidad. Es la búsqueda de bienestar integral entre el cuerpo físico, emocional, espiritual y celestial.
Los saberes ancestrales y medicina tradicional no son ampliamente reconocidos. La contribución de la medicina tradicional a la salud pública continúa siendo invisible en los datos oficiales y organismos técnicos internacionales. La formación de profesionales del área de la salud, particularmente de la medicina, la partería y la enfermería está basado en teorías, prácticas y actividades que en su gran mayoría no contemplan los saberes ancestrales, la medicina tradicional y la diversidad cultural de los pueblos a pesar de que la Constitución señala que es un estado plurinacional e intercultural y los derechos colectivos (Art. 57: 12).
Las condiciones de vulnerabilidad de las comunidades y pueblos implican un cuidado, en el que la mujer cumple un rol fundamental: continuar caminando los conocimientos ancestrales para las futuras generaciones, manteniendo su identidad cultural y su idioma; romper el silencio del sometimiento y alzar las voces para exigir el cumplimiento de derechos y el cese de las violencias. Ser guías para la sanación espiritual de la familia, comunidad y la sociedad. Tender puentes para la unidad, comprensión entre las mujeres mestizas y nativas. Caminar juntas y juntos reconociendo que venimos de la Tierra y solamente somos pasantes en este tiempo. Únicamente con la unidad, el amor podremos alcanzar la justicia y transformar las condiciones de inequidades y construir un futuro con armonía, respeto entre todos y todas y con la Madre Tierra. El amor, la solidaridad, la reciprocidad son caminos hacia la justicia y la paz.
Experiencias comunitarias y estudios de mujeres-medicina en la comunidad de Chukidel
La salud en las comunidades es una construcción colectiva en la que Yachaks, médicas y parteras son de la misma comunidad, tienen experiencia en la promoción y restauración de la salud porque conocen el entorno cultural comunitario. Así que, el poder de sanación y sabiduría de las mujeres todavía pervive en las comunidades.
Describo la presencia de dos personas de la comunidad de Chukidel, situado en la parroquia y cantón Saraguro, quienes trabajaron en la curación de enfermedades y conocimiento de plantas. Ellas son: Mama Mariana Lozano Quizhpe (+), médica con experiencia y formación con maestres de Huacabamba-Perú (Información Natividad Medina). Mama Magdalena Quizhpe (+), partera y madrina de muchas niñas y niños de las comunidades. Su conocimiento se basaba en el pulso de pacientes, con quienes entraba en contacto para proceder a la sanación. Una verdadera obstetra que ayudaba todo el proceso del embarazo, a la buena ubicación del bebé, el reconocimiento del sexo. Conocía los medicamentos para ayudar al alumbramiento, la medida para cortar el cordón umbilical, las dietas alimenticias, los baños rituales y las plantas energizantes. Sabía que al producirse la preclamsia o el posparto lo trataban con las plantas de la huerta y del campo (chillca de flor azul morado). Para detener el aborto conocían la medicina de tres plantas: tres patitas de la planta de maíz, algas de las piedras junto al agua, flores de rosas blancas y flor de Cristo.
Para la curación de bronquitis y pulmonía sabían diagnosticar mediante la orina y los signos de respiración y movimiento de las manos. Para curarlas hacían una infusión de tres raíces de ortiga, tres pepitas de moradilla azul, tres flores de mora, tres flores de sauco blanco y un cogollito muy tierno de eucalipto. Conocían también las formas de curar el sistema nervioso, los nervios y el pulsario que se podría decir es el desencadenante del cáncer. En la relación agua-ser humano había el conocimiento y rituales de cuidar y criar el agua (experiencias de Taita José Joaquín Vacacela).
En conclusión, podemos señalar que:
La relación de las mujeres con la Pachamama puede ser una fuente de poder y unidad para todos y todas sobre el futuro de nuestro entorno natural.
Valorar lo femenino y los conocimientos ancestrales implica exigir su inclusión en las políticas institucionales y en la educación, que permita a las nuevas generaciones re-imaginar por completo nuestra interdependencia y relación con la Madre Tierra y construir un mejor futuro, una humanidad más sensible. Es necesario y urgente volver a nuestras raíces de unidad y espiritualidad en el cuidado de la Tierra.
Nada se sostiene sin las mujeres. Somos la columna vertebral de la sociedad. Somos creadoras, proveedoras de alimentación, de salud, medicina y vida enseñando y sosteniendo la sobrevivencia de la humanidad. La sanación y permanencia de la humanidad vendrá a través de quienes saben gestar la vida, tejer la comunidad y sostener al otro sin perder su propia raíz.
Extracto de la ponencia del II Encuentro Internacional e Intercientífico de los Saberes Ancestrales.
Portada: imagen tomada de https://n9.cl/3qjch
