EL RITUAL DE LA SUPALATA
Sisa Pacari Bacacela Guálan
Pese a las políticas de asimilación, aculturación permanente mediante diversas estrategias: la educación, las guerras y despojo de territorios, la presencia de ONGs, las políticas de “civilización-desarrollo”, la evangelización de tantas sectas religiosas, que son como los partidos políticos, para dividirnos, la persecución, gobiernos impuestos, los pueblos originarios hemos resistido por más de 500 años. Y quizá una de las fortalezas ha sido y es la espiritualidad, practicada en silencio por temor a castigos de los “civilizadores”; de ahí que muchas se han perdido se han sincretizado. No obstante todavía viven en la memoria colectiva de los pueblos y nacionalidades ceremonias, rituales y ofrendas. Las ceremonias de los 4 Raymis tienen sus rituales, ofrendas, personajes y símbolos que están conectados con cada Pacha.
En marzo, el equinoccio de invierno e inicio de la primavera marca actividades y rituales que nos recuerdan nuestra conexión con la Madre Tierra y conceptos espirituales y filosóficos mantenidos en las culturas andinas. En el pueblo Kichwa Saraguro tenemos el Ritual de la SUPALATA. Este ritual lo ubicamos en la ceremonia del Pawkar Raymi PACHA, un tiempo-espacio de agradecimiento, gratitud, reciprocidad con la Pachamama y el Pacha Tayta por la vida y la producción de múltiples frutos tiernos, así como la diversidad o multicolor de flores del “campo”. Esta generosidad de la Tierra implica ser reciprocado por la comunidad de los humanos.
Este Pawkar Pacha fue sustituido por la iglesia católica a la semana santa. Para el domingo de ramos, inicio de semana santa, en las comunidades de Saraguro, se realiza la denominada “Supalata” o los “tamales de Ramos” como dicen en Mater, parroquia Tenta.
La Mama SUPALATA es el ritual de gratitud y reciprocidad a la Madre Tierra que nos brinda la vida y la abundancia; es el ritual del compartimiento con las familias y la vecindad. Es el paso del Yarkay pacha (hambruna) a la diversidad de granos tiernos, ya que entre enero y febrero se han terminado los granos secos (maíz, fréjol, haba, arveja, trigo) y se espera con ansia los nuevos frutos. En palabras de Angel Polivio Guamán (abril 2023) es la fase última de granos secos e inicio de la nueva producción.
La Mama Supalata está representada por una mujer,- andrajosa-, que lleva a sus espaldas un canasto sujetado por un linchi, en sus manos un balde; camina acompañada de un grupo de personas adultas y jóvenes, hombres y mujeres con distintos trajes, quienes al son de la música de concertina, flauta, violín, redoblante y sonido de latas, visitan las casas de los comuneros y comuneras el sábado por la noche. Para recibir a Mama Supalata, las familias se reúnen para hacer los tamales en hojas de wikundo y achiras. Es una integración familiar para compartir enseñanzas y saberes con la juventud y la niñez, mientras se prepara el maíz pelado, la masa y el condumio “shunku”; otras cocinan la colada de sambo o zapallo. Estos alimentos: colada de sapallo, sambo, chumales, tamales, (milichakis; en lengua cañari, chiviles, chachis), una shila de chicha, -que son de sal y dulce.- el sábado por la noche se deja en la mesa adornado con flores o frutas para que la Mama Supalata los bendiga. En la noche ella visita las casas y allí los dueños y dueñas salen al encuentro y hacen presente estas ofrendas, a cambio ella deja semillas para que se cuide, se siembre y el próximo año tenga mayor abundancia de alimentación y salud. Antes de servirse la comida, los y las supalateros que acompañan a la Mama Supalata realizan una danza, un baile entre ellos y luego con la dueña y el dueño de la casa.
Cuál es el sentido de la música y el baile? La música y el sonido del tambor, llamado tinya, del redoblante y de la flauta, despierta los latidos de la Madre Tierra; el palpitar de nuestro corazón se conecta con el palpitar del planeta, se llama a los espíritus, apus y dioses. Cuando se baila se establece una conexión con las fuerzas telúricas y celestiales. Nuestra energía se ordena y se armoniza con el pulso de la Madre Tierra.
Dejar alimentos es el símbolo de cumplir con el principio de la reciprocidad, el Ayni; es el pago u ofrenda de agradecimiento a la Tierra, al Agua, al Sol y al Aire. Al visitar la Mama Supalata y no encontrar alimentación ni ofrendas, ordena a sus hijos que “dejen regando semillas de shirán”, en señal de que el próximo año no habrá cultivos y productos. El “shirán” es una hierba de flor amarilla y al madurar se convierte en espinos que impiden crecer a las demás plantas y no permiten la entrada a las personas. El sentido de “shirán-mala hierba” sería dejar “maleando”, es decir las malas energías para esa familia, como un llamado de atención por no cumplir con las normas, valores y principios de vida en armonía consigo mismo, con los demás y la comunidad. De ahí que se tiene que cumplir con el ayni, la reciprocidad y el compartimiento entre las familias, las semillas de los granos que han caído en las huertas y se ha sembrado en las chacras.
Cuál es el significado o de dónde surge el término supalata?
Para explicar este vocablo me remito a los ñawparimay de la cultura andina y comunidades de Waruchirí. En sus relatos nos cuenta que la diosa Chuquisuso tenía la calidad de supay, que significa o representa la luz y la sombra. La figura de Chuquisuso era venerada en los ritos del larka aspiy y era representada como una mujer que distribuía chicha de maíz y tostado. Era la controladora de la fertilidad y sexualidad masculina. Por eso Chuquisuso también era presentada como mujer-supay. La imposición occidental forzó el significado de supay como demonio y los misioneros tradujeron un término por otro. En la concepción indígena supay, no era la de un ser eminentemente malo y negativo. Era mejor una combinación de lo malo y bueno, de lo claro y lo oscuro (Yánez, 2002, p. 106).
Salomón y Urioste citando el trabajo de Duviols (1978) dicen que supay tuvo un antiguo significado indígena de “sombra o luz, una parte volátil de un ser vivo”. Es decir en la concepción andina, cada waka y cada mallki a más de la dualidad andrógina de un ser vivo (hombre/mujer) tenía su propia dualidad representada como sombra y luz, claro y oscuro. Los espíritus y wakas son solamente representaciones simbólicas de la vida diaria y común de la gente, es decir lo que ocurría a nivel de los espíritus ocurría también a nivel de la vida diaria, de la gente común. Una lectura profunda nos ayuda a entender esta relación, que la figura de Mama Supalata es el espíritu de la Madre Tierra y de la mama sara. Que a más de ser dual con el sol y el agua, cada uno tiene su otra dualidad de ser luz y sombra a la vez. Y esto nos hace traer a la memoria cuando nuestres ancestres decían, hablando de la dualidad de pareja,“eres mi luz y sombra” las dos cosas inseparables.
El término supalata viene de supay-lata. El vocablo lata vendría del uruchipaya, lat’a, un tipo de quinoa. Pues según, los Manuscritos de Huaruchirí, la quinoa es el que da origen a la vida, y por tanto todos venimos de un origen común.
Según J. París (1993) y Moreno, (1955) latak/ latac, resplandeciente; llatha, candela, brasa.
En kichwa de Junín-Ayacucho, lata, andrajoso, mendigo, pordiosero. Por tanto, relacionando los dos términos: supay (luz, sombra) y latak, brillante, ambos se refieren a luz, resplandeciente (que se observa en la noche) de un cuerpo-espíritu, que sería la Mama Supalata; y lata, andrajoso, mendigo como una expresión del “Yarkay pacha”. Además la vestimenta de mendigo y andrajoso de la Mama Supalata podría relacionarse con Cuniraya y Cahuillaca, en donde Cuniraya para encontrarse con la diosa tiene apariencia de pobre y androjoso.
De lo cual, el ritual de la “Supalata” es la personificación de la Tierra como un espíritu femenino resplandeciente, de luz, que camina en las sombras de la noche para verificar si los comuneros y comuneras cumplen con el principio del ayni y la reciprocidad. En nuestro pensamiento, la Madre Tierra es un ser vivo, que tiene sed, hambre, se enoja y que es fértil; en relación con el ambiente físico, “que los dioses mismos son las tierras y las fuerzas productivas”. Todo lo que está relacionado con tierra, la estabilidad y la profundidad es femenino (Salomón en Yánez, 2002, p. 24, 54).
De lo señalado en este ritual está una filosofía de vida, nuestras ancestras y ancestros tenían una comunicación profunda con la naturaleza, ella se pronunciaba con señales claras, transformándose en un escenario vivo donde el mundo físico y el espiritual se entrelazaban. Nos decían que el viento trae mensajes de los dioses, del Hawa pacha, mundo invisible. Que la tierra nos daba mensajes y que solo quienes estaban atentos podían comprender. Estas señales se manifestaban mediante luces que aparecían en las cumbres de los cerros, en el canto de las sirenas en las cascadas o taski. Los abuelos y abuelas no hablaban de semana santa o cuaresma, sino de un cambio de Pacha, de la espiritualidad y lugares sagrados; comprendían el mensaje del agua, de los ríos, cuando eran peligrosos para quienes osaban perturbar su camino y su calma; y aún siendo catequizados por las religiones hablaban de tesoros que se abrían solo en la tarde del viernes santo. En esta comunicación con la chakra, las abuelas y madres le decían a las plantas de maíz, fréjol y haba que “apuren cargando los frutos porque mis hijos tienen hambre, no seas ocioso, aligera madurando”.(utka utka pukuyari, ama killa kaychu). Hoy en día comprendemos que la naturaleza no ha dejado de hablarnos, quizá nosotras hemos perdido la capacidad de escuchar, es necesario volver a la conexión para entender el lenguaje de la Tierra. Abrir el corazón, hablar desde la coherencia que tenían los pueblos nativos; esto implica una ética profunda, que podamos reconocernos como seres humanos-espirituales del mismo territorio y desde allí se podrá regenerar una nueva sociedad.
En todos estos procesos de vida los mayores enemigos de los saberes y conocimientos ancestrales de las comunidades andinas son las políticas de “desarrollo”-destrucción que no permiten que se consolide y mantenga este sistema de conocimientos sino que impiden igualmente su reproducción por el despojo de territorios; sin equilibrar esta política etnocida y de apropiación, cualquier intento de interculturalidad no es posible.
Y finalmente un dato interesante que encontré, que en marzo, del equinoccio, todos los “Concha” se reunían en el Lago Yanza para realizar un ritual, dirigidos por los sacerdotes, como continuadores del primer waksa del Lago Yasali, (de esto hablaremos en otra ocasión).
Referencia bibliografica:
Bacacela Gualán, S. 2007. El quinto gobernador de los Saraguros.
Bacacel G. S. 2010. La cultura espiritual, una resistencia de los saraguros en la actualidad.
Yánez del Pozo, J. 2002. Yanantin. La filosofía dialógica intercultural del Manuscrito de Huarochirí.
Portada: foto tomada de https://surl.li/edsycn

Nativa de Saraguro. pertenece a la nacionalidad Kichwa. Estudió en Zamora en la Escuela de Líderes. Cursó estudios universitarios en Cuenca. Es abogada, tiene estudios en lengua y literatura, es magister de Estudios de la Cultura y un Diplomado en Educación Intercultural Bilingüe. Maestra de secundaria y educación superior, investigadora. Ha publicado varias obras, así como artículos en revistas y periódicos. Ha desempeñado varios cargos vinculados a Educación Bilingüe. Es conductora del programa Ñukanchik llata Kashpa (Nuestra identidad) en la Radio comunitaria de Saraguro “KIPA RADIO”, FM 91.3.