LA MUJER PALABRA-SEMILLA, CONOCIMIENTOS, ALIMENTACIÓN
Sisa Pacari
En el marco del decenio de las lenguas maternas, el Día Internacional de la Mujer y la celebración del Pawkar Raymi es prioritario reflexionar desde el silencio en el cual va quedando, el idioma materno, cuya pérdida afecta los conocimientos, saberes, memoria colectiva, identidad, valores y principios. Durante siglos las sabidurías de los pueblos nativos han sido silenciados, negados, reducido. Ha sido una lucha permanente por la sobrevivencia de la cultura, la espiritualidad como eje de comunión y conexión con todos los seres “gente” de la Madre Tierra. Desde la invasión hasta nuestros días vivimos la imposición de un sistema colonial, capitalista- neoliberal, que nos ha colonizado, nos ha llevado al camino del individualismo y consumismo. El colonialismo es una epidemia que afecta a todo. Es una pandemia permanente que va colonizando a las comunidades y pueblos a través de la urbanización y otros procesos que fragmentan y desintegran la organización tradicional (B. Maldonado, 2025).
Nuevas formas de imperialismo, autoritarismo, racismo y control tecnológico en la que la disputa por territorios, Agua, minerales y otros recursos impactan directamente sobre las comunidades y la naturaleza y son amenazas a los pueblos indígenas y sus territorios.
En medio de la actual crisis de violencia, cada vez más estructural, entre los que se destaca el genocidio y ecocidio es indispensable analizar cómo los pueblos originarios hemos podido resistir
Hay que enfatizar la relación del ser humano con la tierra y el equilibrio de las personas con el entorno. El territorio no es únicamente la parte geográfica, es el espacio que cubre la totalidad del hábitat que los pueblos y naciones originarias ocupan y utilizan, es el espacio que nos provee todas las posibilidades de vida desde una visión integral (Proyecto Político del movimiento indígena). En este hábitat la comunicación se realiza en su lengua propia.
La práctica y mantenimiento de la lengua materna es parte del cumplimiento de los derechos colectivos por las instituciones del estado-nación, las autoridades comunales y sus hablantes. La defensa de nuestras lenguas originarias está ligado al territorio, así como a la educación propia y con un currículo elaborado desde las particularidades de cada comunidad, pueblo y nacionalidad. El territorio es fundamental para la sobrevivencia y el ejercicio de los derechos colectivos, poque allí se recrea la cultura, la lengua y el sistema del derecho propio. La relación con la tierra es un elemento material y espiritual. Es la casa en el cual nos comunicamos con los seres del espacio y los espíritus de los antepasados.
En el idioma kichwa materno está la división del tiempo, así pacha yalliriy, o pacha yallinay, transcurrir el tiempo y este era fundamental para las actividades, ceremonias y rituales. El tiempo y espacio en los Andes se concibe en forma cíclico, la vida se organiza en ciclos agrícolas y rituales que marcan el ritmo de las comunidades. El calendario agrícola guiado por el sol, la luna y las estrellas determina las siembras y cosechas estableciendo un pacto entre las personas y la naturaleza. En los Andes para los cultivos realizaban un estudio astronómico y lunar, a más del tipo de los suelos para los determinados cultivos. Se conocía estrategias de cómo proteger los cultivos de las plagas, llamada “lanchas”. Se sembraban plantas de sauco blanco alrededor de los terrenos de cultivo, para que estos sean hileras de protección y repelentes de los insectos, larvas y hongos que afecten a los cultivos. El molle, planta sagrada (Schinus molle) árbol prodigioso que cumplía la función de repelente de las enfermedades de los cultivos. Además sus frutos servían para hacer chicha. Estos conocimientos etnobotánicos y astronómicos fueron décadas de investigación y experimentaciones.
Cada estación trae festividades y rituales que refuerzan la unión con los dioses tutelares, como los Apus. En Pawkar Raymi, el Pawkar Pacha, época del florecimiento, de los granos tiernos y el mushuk nina, se realizaban ceremonias y rituales familiares y comunitarios. El mushuk nina tiene que ver con el fuego que las mujeres (priostas) llevaban a los hombres (Bacacela, 2010, p. 154).
Las mujeres han cumplido un papel muy importante en la transmisión y conservación de la cultura y el idioma kichwa. Nuestras ancestras fueron muy sabias y fuertes para dejarnos caminos de liberación, conocimientos sobre agricultura, medicina, alimentación, el manejo de la genética, artes, artesanías, como los tejidos, los ramos florales.
Las mujeres -semillas han detenido el hambre gracias al ingenio de cuidar y la perseverancia de su compartir a través del lenguaje. Ellas han tejido caminos de vida, luz. En este mes de marzo recordamos su trayectoria y sus luchas; honramos a las mujeres que cuidan, que crean, que sostienen, que sanan, que enseñan, que transforman, que mantienen las semillas, que luchan por los territorios porque ellas han sostenido en forma silenciosa la vida, son memoria, matriz. Son capaces de regenerar, incluso cuando todo parece quebrado. Las mujeres desde siglos atrás lucharon y luchan contra el colonialismo y racismo que ha despojado a miles de comunidades, pueblos de sus territorios en nombre de “desarrollo capitalista”.
Hablar Kichwa no es solo saber, sino que fomenta una postura de resistencia y emancipación, no es una simple herramienta de transmisión, sino como un proceso de transformación que permite a las mujeres y a las comunidades enfrentar, desafiar las estructuras coloniales y de opresión. Es un acto de vida y un modo de estar en el mundo, entrelazado con las luchas y esperanzas de los pueblos indígenas (Catherine Walsh febrero 2026).
Nuestra sobrevivencia se debe al sentido comunitario. La comunidad es un tejido donde todos tienen un rol. Nadie está solo. La ayuda mutua fortalece los lazos entre familias y asegura que las necesidades de cada miembro sean atendidas. El trabajo colectivo es una expresión de solidaridad y equilibrio social, no solo es un medio de subsistencia. Los saberes sobre la tierra, el clima, plantas medicinales, alimenticias y los tejidos, no son solo técnicas heredadas, sino una forma de dialogar con el mundo. La oralidad y la memoria colectiva mantienen vivas estas enseñanzas, transmitiéndolas de generación en generación, en la cual la mujer ha jugado un papel importante, como cuidadora del idioma porque en su lengua materna está toda la descripción de semillas, plantas, animales, las enfermedades, las formas de sanación, estrategias de cuidado. La salud es intrínseca a la alimentación, todo ligada a la tierra y de ahí la salud de las personas y salud de la Madre Tierra constituyen una Sola Salud.
La alimentación es vivenciada como personas que crían a los humanos y es criada por estos (G. Kenjifo, 1999). Ya Heráclito había dicho, no existe separación, todos forman un TODO continuo, donde ninguno acaba por imponerse y anular al otro y entre ellos prima el equilibrio. Por eso es necesario revisar y cuestionarnos la pérdida de nuestras semillas y plantas nativas que influyen en la alimentación del presente tiene que ver con la pérdida del idioma Kichwa. Hemos cambiado por comida chatarra, que viene de los grandes negocios y empresas que han ido creando las necesidades para los pobres y las comunidades indígenas, cuyos resultados son las enfermedades y la dependencia de drogas. En las décadas del siglo pasado recuerdan las mayores, que la salud y la alimentación y/o necesidades se resolvía en las comunidades, en sus familias, no se recurría a la farmacia, tenían su propia farmacopía. La salud fue fundamental en la vida de las comunidades, por eso se ayunaba 4 veces al año. Un ayuno de tres días para eliminar las toxinas del cuerpo y fortalecer el espíritu. De esto ha quedado en la memoria colectiva del pueblo Saraguro, el ayuno dos veces al año, para iniciar la cuaresma y el viernes santo.
En las comunidades se conocían muchas especies y familias botánicas, de las cuales unas eran alimenticias, medicinales, madereras, para la construcción y sagradas.
Plantas alimenticias:
Los cereales fréjol, haba, arveja, lenteja, tawri, trigo, cebada, avena. Varios tipos de maíz: morocho, amarillo de tusa fina, amarillo de hacer champús, zhima (altura), blanco, zapón, cusco o negro, maíz murunku o misha, maíz rojo, rosado.
Oca. Varias especies: blanca, cóndor oca, rosado, amarilla, negra.
Milluku. Ulluku, melloco. Especies: amarillo, rojo, carmesí. Hoy se conoce el blanco pintado.
La mashwa: amarilla, señalan que había tres clases. Alimenticia y medicinal para la mala circulación de la sangre y la próstata.
El zapallo y el sambo. Se conoce diferentes clases. Las semillas de estas calabazas son muy ricas en salsas y en sopas. Consumir estos alimentos ayudan a regular los pálpitos del corazón. Disminuyen enfermedades cardíacas.
La papa: chío, papa negra, chakra papa o kuchi papa. Papa zhira. En cuanto a la papa chaucha había la negra, amarilla, pintado y formas alargadas y encurvadas.
La kinuwa: rosada y blanca, para sopas y secos.
El tawri o tarwi. Alimento con mucho calcio. Casi no se conoce.
La col, chaucha, col de hojas, repollo, col blanca (medicinal, para sacar calores junto con cóndor coles).
La zanahoria o rakacha: morada, blanca, amarilla.
El nabo de chakra y el nabo castilla o de repollo. Se consumía en jaucha de nabos.
El bledo. Sus hojas sirven para una sopa. Muy rico en calcio y minerales.
La achukcha, sopa con granos tiernos y papas, ademá sirve para bajar el colesterol
La achira para hacer bizcochuelos, achira negra y blanca para los tamales o sambates.
La uvilla o llamada pushasha, fruto muy rico en vitamina C. Las hojas tiernas con sus bolsitos recomendado para los triglicéridos. Ahora se hacen jaleas y dulces.
El suni turunchi y el siclalon. Recomendado para los nervios.
El capulí. Colada o api con maíz morado.
El higo. Las hojas son medicinales para el postparto, menopausia porque tiene hormonas.
El nogal o tocte, frutos comestibles las nueces. Las hojas hervidas para baños, fortalece los huesos en los niños y niñas.
La lúcuma o lukma-luma. Una fruta muy deliciosa, cuyo consumo ayuda a prevenir enfermedades cardíacas y cancerígenas.
El membrillo, fruto un tanto ácido y muy oloroso. Casi perdido.
El gullán o taxo. Muy rico en vitamina C.
El chimbalito o simbaylo.
Veamos algunos nombres kichwas de comidas: zhiri choklo. Walus, paruk, kauka, muti patashka, sarakutita, sankus, lukrus, repelukru, api, mazamorra, champús, chuchuka, nabos kururu, kamcha, huk nishka, la chicha principal, guzhuk (chicha tierna), chanfaina, etc.
Entre las plantas medicinales.
El aliso o rambran, cuyas hojas son buenas con infundia de gallina para dolores de rodillas y huesos (emplastos).
El arrayán (luma cheqen) tiene aceite esencial con el que se embalsamaba los cuerpos para enterrarlos y protegerlos de la descomposición.
El diente de León, Pilli, taraxaco, es medicinal y alimenticio.
El caballo chupa, para purificar los riñones, eliminar toxinas.
Agujilla, con otras hierbas para combatir los cálculos renales, limpiar la vesícula.
El píkimuru, planta diminuta, muy eficaz para curar el sarampión.
Tikna, llamada la tres filos, para la diabetes.
San Antonio sacha o hierba infante para las infecciones cutáneas e internas como dolor de garganta por enfermedades virales.
El chankalagua, para las gripes.
La flor de cristo, es una especie de orquídea. Muy bueno para el sistema nervioso.
El llantén, kari y warmi. Cura el cáncer y las úlceras estomacales.
La grama dulce, hierbita que tiene en sus raíces una especie de cebada. Curaba las diarreas de niños y niñas. Está extinta.
El calcik, para el calor oprimido.
La walluwa o trinitaria para el colon irritable, la diabetes y limpia el aparato digestivo.
El shullu grande y pequeño para las inflamaciones del estómago en agua de frescos.
La violeta silvestre. Había 7 clases. Hoy casi no existe. Recomendado para nervios.
Warmi poleo o allpa poleo, para las alergias.
Cáncer sacha, para el cáncer, úlceras.
Wabiduka, para curar las inflamaciones y hacer enjuagues bucales.
Toronjil, manzanilla, pimpinilla, las penas, escancel, tikraysillos, atako sankurachi, borraja blanca y azul. Mortiños. La chichira blanca y negra.
La sábila. Desinflamante, ayuda a bajar el colesterol malo. Limpia la cara y ayuda a mantenerse lozana; además es muy buena para curar las cicatrices.
La verbena para deshacer cálculos renales, curar de las gripes. La plantita de ñachik, junto con la chichira y bishu kiwana, son muy útiles para las recaídas.
Achicoria, payco para purgantes de parásitos.
El berro chico para combatir la anemia y tiene vitamina K para la hemorragia nasal; de igual forma el zumo de geranio tiene vitamina K; para detener la hemorragia bucal, buchadas con limón y sal.
El canutillo, planta trepadora crece en la chakra, muy útil para las insolaciones de la cabeza.
El aya zapatito. Flor amarilla para combatir la gota.
El hiwila, gulak, atuksara, pepa de tambor, como detergente natural.
El turpek o turpik/turpak para limpiar malos aires. Se ha extinguido.
Si nos referimos a plantas nativas que se están perdiendo: Plantas de payama, sarar, canelo, romerillo, pakarku, jeruro, wawel, mullón, sacha capulí, puchik; planta de tikna (tres filos), manzanilla negra y blanca, perlillas, joyapa, salapa (su fruto sirve para expulsar parásitos porque tiene piperazina), tulapa, entre otros.
Los conocimientos de los alimentos y plantas medicinales están en riesgo porque cada vez vamos perdiendo nuestra lengua kichwa y por eso me permito hacer algunas sugerencias:
Proponemos algunas ideas: una ordenanza de los GADs locales para proteger y promover el sistema agrícola de nuestras chakras y la recuperación de las semillas y plantas nativas.
Los estudiantes de décimo de básica y de tercero de bachillerato como proyecto pueden criar un vivero de plantas y semillas nativas, para un intercambio en las comunidades.
Los conocimientos y saberes debería ser parte fundamental de los currículos, como hilos de vida, basados en la vida comunitaria. Tener una educación centrada en el cuidado de la vida, el cuerpo y el territorio. Un currículo con la construcción colectiva de personas mayores, autoridades comunitarias, padres y madres de familia. Una educación comunitaria que sirva como una herramienta de resistencia y descolonización, un espacio para la revitalización cultural. Es importante incorporar los saberes comunitarios y las luchas de las comunidades y pueblos para que maestras y maestros tengan un material de trabajo.
Revitalización del idioma kichwa para recuperar los conocimientos ancestrales sobre varios campos. En esa reflexión y sentimiento este año Chukidel tiene planificado dos veces por semana un intercambio de saberes en lengua kichwa con todos y todas quienes se sienten comprometidos en aprender y compartir.
Documentar los nombres de las plantas, semillas, flores, con los nombres propios de la zona y región.
Las autoridades comunitarias deberían aprovechar la presencia de estudiantes universitarios que llegan a las comunidades por el Programa “Vinculación con la sociedad y las comunidades, previo a la graduación, que levanten investigaciones sobre la botánica, la farmacia natural, la técnica de los tinturados y otros conocimientos; un censo estadístico comunitario de poblaciones.
Es necesario re-pensar el cumplimiento y exigencia de los derechos colectivos, reconocidos en la Constitución y los instrumentos internacionales, especialmente la autodeterminación que permita una economía solidaria. Y ello implica salirnos de lo individual y volver a lo comunitario, valorando nuestra economía basada en el trueque, el intercambio, la solidaridad y la minga comunitaria.
En definitiva, en un mundo donde la modernidad avanza con rapidez, re-cuperar y mantener los sistemas alimenticios y de sanación es cuidar nuestros cuerpos, la matriz gestante y palpitante de la Tierra para alcanzar el buen vivir andino que es un modelo de resistencia y sabiduría. Su esencia nos recuerda que el bienestar no está en la acumulación, sino en la armonía con la vida, los comuneros y comuneras, el respeto a la Madre Tierra y la fortaleza de la comunidad y la organización. Sin comunidad no hay vida. “la comunidad es Todo” (tayta Miguel Bacacela Q). De ahí que, la re-constitución de las comunidades y la descolonización son pasos esenciales para una educación verdaderamente transformadora y liberadora. Solo una educación descolonizada podría conducirnos a la transformación y alcanzar el buen vivir que tanto anhelamos.
Por eso es necesario revisar, cuestionar el sesgo racista y clasista de la sociedad en todos los espacios, sensibilizar a la sociedad en general que sin Pueblos Indígenas no hay futuro posible. Necesitamos recuperar el mundo que llevamos en nuestras memorias ancestrales nuestra cosmovisión biocéntrica centrada en la Madre Tierra y romper los márgenes civilizatorios del eurocentrismo, desechando el antropocentrismo. Esto implica un cambio profundo a nivel individual, familiar y comunitario; transformar nuestra energía-materia para volver en sí mismos para ser otros seres humanos. Nuestras mamas tuvieron valentía, dignidad, lucha y amor por la comunidad, abriendo caminos para los de hoy y el futuro.
Portada: foto tomada de https://surl.li/zdeqbp

Nativa de Saraguro. pertenece a la nacionalidad Kichwa. Estudió en Zamora en la Escuela de Líderes. Cursó estudios universitarios en Cuenca. Es abogada, tiene estudios en lengua y literatura, es magister de Estudios de la Cultura y un Diplomado en Educación Intercultural Bilingüe. Maestra de secundaria y educación superior, investigadora. Ha publicado varias obras, así como artículos en revistas y periódicos. Ha desempeñado varios cargos vinculados a Educación Bilingüe. Es conductora del programa Ñukanchik llata Kashpa (Nuestra identidad) en la Radio comunitaria de Saraguro “KIPA RADIO”, FM 91.3.