Los procesos electorales suelen traer múltiples sorpresas. Esta ocasión no fue diferente. Los altos niveles de incertidumbre y la presencia de un voto oculto, aquel que no sale a la luz, menos aún, cuando las empresas encuestadoras trabajan para secuestrar la opinión pública y satisfacer a quienes les pagan. Esta situación provocó que la víspera de las elecciones, haya hasta un 40% de indecisión y que los candidatos “ganadores”, en su mayoría, se conviertan en autoridades con apenas el 20% o menos del apoyo popular.
Los partidos y movimientos políticos no son más organizaciones que aglutinan militantes en torno a proyectos de futuro, no existen propuestas programáticas; el quehacer político ha abandonado la construcción del discurso ideológico. Más bien, es claro que tienen mucha dificultad de reunir simpatizantes y para evitar una imagen de debilidad numérica, los candidatos y candidatas del último proceso electoral optaron por el espacio virtual; es ahí donde ganaron los pocos votos que la población les concedió. Nulos más blancos superan a los “ganadores” de alcaldías, prefecturas y juntas parroquiales careciendo, por tanto, de toda legitimidad.
Un clic sustituyó al encuentro con los electores, la modalidad virtual les posibilitó crear una imagen que no siempre corresponde a la realidad. El dialogo estuvo mediado por las redes, atentando contra una deliberación seria. El quehacer político se ha vuelto banal y sin fundamentación histórica. La democracia se ha vuelto autorreferencial, los simpatizantes son únicamente un conjunto de amigos virtuales, aislados, inconexos que se identifican desde el discurso emocional. No existe un nosotros políticamente hablando y por tanto la representatividad ha desparecido. La propaganda electoral y la comercial comparten es mismo espacio, haciendo que elegir sea igual al acto de comprar, y gobernar un acto cuasi mercantil. Así, la democracia que tenemos es una falacia en todos los sentidos.
Por otro lado, hay gente se asombra de que haya ganado el NO, y empieza a creer en las denuncias de fraude del Sr. Pita, quien busca crear confusión y ganar pantalla. Solo las empresas encuestadoras auguraron lo contrario, resultando las grandes perdedoras de estas elecciones. El NO, es la respuesta al cúmulo de errores y negligencias del gobierno, a su incapacidad para gestionar las necesidades apremiantes de la población. El mismo gobierno, una vez que se enteró del rechazo popular, debió suspender la rueda de prensa que tenía prevista con los letreros del triunfo del SI, seguro de que la población es ingenua. Ahora Lasso llama descaradamente a la conciliación, después de haber acusado de narcotraficantes y conspiradores al 60% que votó por el NO. Lo que debe el presidente es entender que el respeto es el cimiento de la ética política.
Ecuador es un país hermoso. Necesitamos liberarlo de tanta injusticia, engaño, corrupción e impunidad. Hay que estar vigilantes de quienes asumirán las dignidades seccionales, para evitar que se aprovechen del ejercicio del poder en función de intereses ajenos a la población que mayoritariamente les dio la espalda.
Ana Cecilia Salazar Vintimilla, trabaja junto a mujeres campesinas de la comunidad de San Cristóbal.
Miembro del Cabildo popular por la defensa del agua de Cuenca, del directorio de la Casa de Acogida María Amor, del Colectivo ciudadano Cuenca ciudad para vivir, y del colectivo Voces Azuayas libres y diversas.
Profesora en diversas maestrías en temas de Derecho a la ciudad, Sociología urbana, Sociología política, Género y derechos colectivos.
Fue directora de la Carrera de Sociología, de la revista COYUNTURA, de Vinculación con la Sociedad de la universidad de Cuenca.
Cuenta con múltiples publicaciones en revistas locales, nacionales e internacionales.
Posgrados en: Psicología Organizacional por la Universidad de Lovaina-Bélgica, Maestría en Investigación Participativa de la Universidad Complutense de Madrid y en Gestión Universitaria por la universidad de Cuenca.