Cada 3 de mayo, el mundo conmemora el Día de la Libertad de Prensa. En Ecuador, sin embargo, la fecha no convoca a la celebración. El periodismo atraviesa uno de sus momentos más frágiles, marcado por nuevas formas de censura, persecución judicial y un progresivo control del ecosistema mediático.
La reciente sentencia contra Fundamedios es parte de un patrón donde el poder ya no necesita clausurar medios para silenciarlos: basta con desgastarlos, judicializarlos o condicionar su operación. Castigar al observador es, también, una forma de invisibilizar el problema.
De la confrontación abierta al silenciamiento sofisticado
Durante el gobierno de Rafael Correa, la disputa con la prensa fue frontal: sanciones, rectificaciones impuestas, estigmatización y uso del aparato estatal para disciplinar voces críticas. La censura era visible, directa y, en muchos casos, brutal.
Hoy, ese modelo no ha desaparecido: ha evolucionado.
La salida del caricaturista Xavier Bonilla “Bonil” de Diario El Universo es el síntoma más reciente de un ecosistema mediático que se encoge bajo presiones más sutiles, pero igualmente eficaces. Decisiones empresariales opacas, líneas editoriales condicionadas y reconfiguraciones internas reemplazan a la censura explícita.
La historia no se repite: se perfecciona.
La captura de los medios: del garrote al fideicomiso
Si antes la presión era abiertamente estatal, hoy opera también mediante ingeniería corporativa. La transformación de medios en activos estratégicos, vinculados a intereses económicos y geopolíticos, redefine el rol del periodismo en un contexto donde sectores como la minería, la energía o la infraestructura concentran poder e influencia.
En paralelo, medios digitales han experimentado giros abruptos tras cambios en su estructura de propiedad o en sus alianzas políticas, evidenciando que la disputa por la información ya no se libra solo en el ámbito público, sino también en el corporativo.
Hostigamiento y territorios de riesgo
En este contexto, Diario Expreso enfrenta un patrón sostenido de presión: auditorías selectivas, exclusión de coberturas, filtraciones dirigidas y ataques digitales coordinados. Son mecanismos que operan en la zona gris del poder, donde la institucionalidad se convierte en herramienta de desgaste.
Pero la amenaza no es solo institucional. En territorios como la Costa norte, el periodismo comunitario enfrenta la forma más extrema de censura: la violencia letal. El asesinato de comunicadores recuerda que, en ciertas zonas, informar puede costar la vida.
Una alerta documentada —y desoída—
Los datos de Fundamedios confirman el deterioro:
- 194 agresiones contra la prensa en 2024
- Cerca de 230 en 2025
- Miles de ataques acumulados desde 2008
Durante el paro nacional de 2025, se registraron agresiones masivas contra periodistas, medios comunitarios y defensores de derechos humanos, muchas atribuidas a fuerzas estatales. En este escenario, la autocensura se convierte en una estrategia de supervivencia.
Un deterioro reconocido fuera del país
El retroceso es también internacionalmente visible.
Ecuador atraviesa uno de los retrocesos más graves en libertad de prensa a nivel global: según Reporteros Sin Fronteras, el país cayó del puesto 94 al 125 entre 2025 y 2026, convirtiéndose en el que más descendió en América Latina y el segundo en el mundo. Este deterioro responde a un entorno marcado por la violencia del crimen organizado, asesinatos de periodistas, creciente hostilidad desde el poder y un clima de inseguridad y autocensura que debilita el ejercicio periodístico.
El Índice Chapultepec de la Sociedad Interamericana de Prensa ubica a Ecuador en la categoría de “alta restricción”, tras una caída sostenida en sus indicadores.
Reportes de EFE, replicados por Ecuavisa, advierten que el país enfrenta su peor momento en libertad de prensa desde 2020. A la presión política se suman la violencia del crimen organizado, la debilidad estatal frente a los ataques y las restricciones al acceso a información pública.
El resultado es un periodismo cada vez más vulnerable y una ciudadanía progresivamente menos informada.
Un derecho ciudadano en disputa
La libertad de prensa no es un privilegio de periodistas o medios: es un derecho ciudadano.
Cada medio condicionado, cada periodista intimidado, cada investigación bloqueada afecta directamente la calidad de la democracia. Cuando la información se filtra por intereses políticos o económicos, se erosiona la independencia editorial, pero también la posibilidad misma de deliberar como sociedad.
El ciudadano queda atrapado entre medios que operan como extensiones del poder y burbujas digitales que amplifican propaganda.
No es un accidente, es un proceso
Lo que ocurre en Ecuador es una tendencia.
Un proceso donde la censura ya no siempre grita, pero actúa. Donde el poder no siempre clausura, pero condiciona. Donde el silencio no siempre se impone, pero se instala como mecanismo de adaptación.
En este Día de la Libertad de Prensa, la pregunta no es si el periodismo está bajo amenaza. La evidencia ya es contundente. La verdadera pregunta es cuánto más puede resistir.
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