Homenaje a José Lezama Lima quien murió el 9 de agosto de 1976, hace cincuenta años.
El 7 de diciembre de 1970 llegó a La Habana el escritor y diplomático chileno Jorge Edwards. Debía instalar la embajada para reestablecer las relaciones entre los dos países. Como bienvenida, Edwards recibió un pavo, pero ese año Cuba canceló la Navidad. Edwards se lo entregó a la esposa de César López para que lo condimentara durante horas, seguramente con ajo, comino, sal, pimienta, orégano y naranja agria antes de echarlo al horno. Había mucho que celebrar. José Lezama Lima había cumplido sesenta años el 19 de ese mes, también era cumpleaños del anfitrión y Edwards estaba recién llegado. Sin embargo, la comida se hizo en secreto para que La Seguridad del Estado no colocara micrófonos o enviara espías.
Nueve años antes, Fidel Castro sostuvo la primera reunión con los intelectuales a raíz del documental PM que, en blanco y negro, transmitió la música y el baile de los clubes nocturnos de La Habana, sin reflejar el espíritu revolucionario durante y después de la invasión a Bahía de Cochinos, razón por la que Castro censuró el documental. El conversatorio Palabras a los intelectuales con la frase: “… dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada” (Castro 2025, 12) generó incertidumbre y la angustia del porqué de la censura, por lo que los artistas comenzaron a recelar.
Pero José Lezama Lima no temió nada y publicó Paradiso cinco años después, novela que se demoró entre veinte y treinta años en escribirla. Lezama sabía las consecuencias a las que se exponía, no obstante, como diría Julio Cortázar, Lezama tenía “Una ingenuidad americana, insular en sentido directo y lato, una inocencia americana” (Cortázar 1967,140).
El protagonista de Paradiso, José Cemí, guardará los recuerdos de su infancia en un espejo: el campamento militar donde nació, las curaciones del asma con esperma derretida sobre sus ronchas, la tortuga apedreada que dará las horas sobre el muro mientras busca la sombra. Detrás de esa pared viven los negros, y Cemí cavila en qué es 1 ser negro hijo de negros y ser blanco hijo de coronel. Vive en La cabaña: la fortaleza que vigilaba a los piratas durante la colonia; la oscura, odiosa y malvada cárcel de la Revolución cubana; el museo de hoy… esta Cabaña es el escenario de otras curaciones con baños de hielo sin que el aire pueda pasar por los bronquios inflamados. El sudor, la duermevela, la introspección, la escritura, la imagen aflorará durante las crisis. Cada frase contemplada, constante, cotidiana de lo que fuere le dará la consciencia de saberse con aliento. En Pensacola el tiempo se detendrá con la muerte de su padre por la gripe. Nunca olvidará los juegos de palabras con él como pregón de su destino: una confusión entre amolador y bachiller lo transformará en la rueda chispeante, poética, profética, simbolista, hipertélica —excedido en lo que hacía—; irá más allá de la imagen hasta la imagen misma. La jarra danesa llamará su atención, descenderá por el pasamanos como el jinete que quiere descubrir los sabores exquisitos de la comida de su abuela en Paseo del Prado donde vivirá siempre.
Su adolescencia y juventud transcurren entre las calles de La Habana y la Universidad en medio de manifestaciones estudiantiles. Con Fronesis y Foción buscará comprender la homosexualidad: desde el niño anclado a la niñez para buscar el goce sexual en su igual; desde el mito andrógino de Platón; desde el ser inmutable sin reminiscencia arquetípica de Aristóteles; desde ser lo que no era de ser por el eros destructor, desde ese Adán que busca a Eva como un bien sensible y el demonio que insiste en llevárselo de vuelta al Paraíso a buscar la falsa inocencia, según San Agustín; desde el bien hacia sí mismo y al prójimo a través del conocimiento aprehendido por los sentidos, desde entender que hay situaciones más graves que la orientación sexual dentro de la lujuria según Santo Tomás. Con estas reflexiones, José Cemí y sus compañeros se preocuparán por la resurrección de los homosexuales, a lo que Cemí responderá con las palabras del santo en la Suma Teológica apoyado en el evangelio: “12Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, los hay que fueron hechos eunucos por los hombres y los hay que así mismo se hicieron tales por el reino de los cielos. ¡El que pueda entender que entienda!” (Mt. 19,11-12).
Paradiso causó controversia por los capítulos eróticos. El régimen sacó los libros del mercado y dejó a Lezama en el ostracismo. Lezama Lima era la representación de la cultura cubana reconocida en el mundo, y la Revolución se fue en contra de su máximo exponente, no pudieron apresarlo en los campos de concentración de la UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) por ser homosexual, pero fue reducido a su casa de Trocadero donde casi no cabía en medio de la humedad, el hambre, la soledad y el asma.
Dos años más tarde, la Casa de las Américas premió obras que el régimen consideró contrarrevolucionarias. Entre aquellas estuvo: Fuera del juego, de Heberto Padilla. Padilla permaneció en la mira de las autoridades y de los esbirros de la dictadura, así como también Jorge Edwards, parte del jurado de ese año, donde se granjeó la amistad de los escritores y la enemistad de Castro. Pero la contrarrevolución no solo estaba en la Literatura sino en los campesinos que al inicio apoyaron la Revolución y que al darse cuenta de que no se daría paso a la democracia, conformaron la contrarrevolución en el Escambray. Castro persiguió, encarceló y fusiló a muchos contrarrevolucionarios sin juicios previos.
Fuera del juego es un poemario venido del futuro, nos advierte de la destrucción provocada por el totalitarismo de héroes de barro que buscan su gloria personal, que por dejarlos entrar nos quitarán los sueños como a los cubanos de hoy. Fuera del juego es la personificación de una Historia furiosa, malvada, avasalladora, impositiva, autoritaria que nos persuade a las malas a sembrar honestidad para el futuro de los hijos y la Patria, a observar paisajes panfletarios mezclados con arte verdadero y saber escoger, a prestar atención a los archivos y compararlos con los de la Patria o Muerte escrita en las paredes y decidir con cuál de los dos nos quedamos, a no ser indiferentes, a contemplar lo terrible y sobrecogedor, y encontrar un espacio libre para salvarnos. Fuera del juego es nostalgia de la infancia y reflexión de la niñez, esa que se irá del hilo de la cometa detenida en cualquier parte lejana de quienes éramos. Fuera del juego es amor a la humanidad, es el amor carnal a saltos y brincos detrás de la sombra de los muertos y desaparecidos que no volverán a amar, es el amor propio que nos punza para no dejarnos engañar con promesas falsas. Fuera del juego es existir a un tris constante de la muerte. Fuera del juego es metapoesía, el poder a priori del poema, ese que se lanza para que el poeta lo atrape como pueda; es cariño a la escritura, aunque no se llegue a la gloria. Fuera del juego es ofensa al sistema; es libertad de existir sin sujeción a modelos. Fuera del juego es homenaje a Julius Fucik, José Lezama Lima, Antonia Eiriz; a quienes huyeron sin nombres en los botes negros de la noche cubana; a las voces de Shakespeare, Calderón de la Barca, Huidrobo. Fuera del juego es la imagen de la Guerra Fría, de los objetos que podríamos salvar si fueran nuestros; es política. Es el aviso hiperbólico de un devenir fatal, aterrador, elegíaco. Es la ironía en carne viva para no quedarse del lado de la pena.
Heberto Padilla se puso en la piel de las víctimas del comunismo: observó, sintió, se cuestionó y se respondió en cada lugar que visitó y vivió; no se cuidó y fue apresado el 20 de marzo de 1971; al salir de la cárcel, fue obligado a autocriticarse públicamente durante cuatro horas e involucró a sus amigos del alma: un parteaguas entre el régimen y los intelectuales cubanos y extranjeros. Permaneció en el ostracismo hasta el exilio en 1980; nunca volvió a ser el mismo.
La noche en que llegó Edwards, Fidel Castro dio el discurso sobre los diez millones de toneladas de azúcar que no alcanzó a producir la zafra para cancelar las deudas con la URSS. La Isla estaba remecida con el embargo de miles de negocios pequeños y Castro metió a sus dueños y trabajadores en el plan junto con intelectuales, estudiantes, burócratas que nunca antes habían cogido un machete. El estado se encargó de alimentarlos con la tarjeta de racionamiento implantada desde 1962. Se cerraron las instituciones por meses y se descuidaron otras instancias económicas y de toda índole social; se eliminó la vegetación natural y se preparó el terreno para el sembrío de la caña con métodos inapropiados: “La quema de un cañaveral por la noche era un espectáculo horrible; millones de aves, insectos, reptiles y toda clase de seres, saliendo aterrorizados de aquellas llamas” (Arenas 2022, 157). Se subestimó el conocimiento de los agricultores y de los campesinos, y se vino abajo el espíritu altruista y solidario de los ciudadanos. El dinero perdió su valor, la gente dejó de trabajar, la tierra se acabó.
Durante su corta estadía, Jorge Edwards se dedicó a cumplir sus obligaciones diplomáticas. Un día encontró que había llegado a La Habana la hermana de Salvador Allende y no sabía nada al respecto, un ejemplo claro de su situación en la Isla. En febrero de 1971 arribó a puerto cubano, como “el signo más visible y espectacular de la ruptura del bloqueo” (Edwards 1976, 233), el buque chileno Esmeralda. A la tripulación y a los marinos, como antes a Edwards, les llamó la atención el estado de la ciudad: “Los muros estaban descascarados; tiras de papel engomado sostenían los vidrios rotos de los edificios; muchas paredes se habían desplomado en casas abandonadas; a veces los escombros cubrían las aceras y llegaban hasta las calzadas, entorpeciendo el paso…» (50).
El protocolo durante la permanencia de la Esmeralda se cumplió a medias. El chileno percibía acciones poderosas: un chofer a destiempo, el ingreso con armas a la embarcación, saludos fríos e indiferentes, el atrevimiento de tocar su calva, la burla a los poetas chilenos, frases descomedidas y groseras, un trato de tú y de repente de usted… Pero el escritor lo tomó con calma por las posibles consecuencias políticas con el cuerpo diplomático chileno. Por la Esmeralda, Castro dejó por unos días su antipatía hacia Edwards: jugaron golf, visitaron el parque Lenin construido por los locos, recorrieron la granja de experimentación, comieron quesos normandos en pleno Caribe, vieron los sembríos secos de café con los que reemplazaron a las lechugas traídas antes por los chinos.
La estadía del chileno fue acechada por una serie de situaciones psicológicas que volvería loco a cualquiera, pero no puso palabras a lo sucedido hasta llegar a París donde fue secretario de Pablo Neruda. Fue vigilado desde el día en que llegó y nadie lo recogió en el aeropuerto, se lo dijo el propio Castro cuando lo llamó para despedirlo sin ninguna cortesía, al día siguiente del apresamiento de Padilla: “Como usted comprenderá, habría sido una estupidez de nuestra parte no vigilarlo” (Edwards 1976, 362). Edwards salió de la Isla como persona non grata, aunque sin la figura legal de la frase. Se sintió perseguido hasta en Europa. Persona non grata, paradójicamente, fue censurada por Pinochet.
Tanto Edwards como Padilla y Lezama se encontraron en la casa de César López ese diciembre del 70 cuando entró una espía: “Comimos y fumamos por obra y gracia de Edwards, y a la medianoche sentimos unos golpes a la puerta. Todos nos miramos con inquietud” (Padilla 1989, 85); “cuando vi que una muchacha joven, morena, había entrado en la punta de los pies y se había instalado entre nosotros” (Edwards 1976, 118). En medio de la escasez y la Navidad cancelada, aparte de la inquietud por el espionaje, quedó en la memoria la celebración de los sesenta años de Lezama que moriría seis años más tarde abandonado por el estado: “Comía y hablaba sin parar, con esa voz de entonación monótona, o más bien ritual, que permanecía en suspenso al final de cada frase, lista para recuperar el aliento, amenazado por el asma, y engranar con otra, en un proceso de asociación de ideas y de imágenes que podía prolongarse, salpicado de alusiones históricas y citas librescas, hasta el infinito” (114).
BIBLIOGRAFÍA
Arenas, Reinaldo. Antes que anochezca. Barcelona: Tusquets, 2022. Cabrera Infante, Sabá & Jiménez Leal, Orlando. PM. [Documental]. Video de YouTube. Tuyomasyo. 1961 https://www.youtube.com/watch?v=QKvbUeqPYlo Castro, Fidel. Palabras a los intelectuales. Seven Stories Press, 2025. https://www.presidencia.gob.cu/media/filer/public/2022/05/07/palabras_a_los_in telectuales_1961.pdf Cortázar, Julio. Para llegar a Lezama. La Vuelta al día en ochenta mundos. Siglo veintiuno, 1967. https://libroschorcha.wordpress.com/wp content/uploads/2017/12/la-vuelta-al-dia-en-80-mundos-julio-cortazar.pdf Edwards, Jorge. Persona non grata. Barcelona: Grijalbo, 1976. Lezama Lima, José. Paradiso. La Habana: Letras Cubanas, 2009 5 Padilla, Heberto. Fuera del juego. Círculo de poesía, 2009. https://circulodepoesia.com/wp content/uploads/2009/06/galeria_fueradeljuego.pdf ⸻⸻. La mala memoria. Plaza & Janés. 2021. https://www.in-cubadora.com/wp-content/uploads/2021/04/la-mala-memoria by-heberto-padilla.pdf