Tatiana Neira Alvarado
La decisión del Consejo Nacional Electoral del Ecuador, de adelantar las elecciones seccionales, ha despertado en la ciudadanía interesada en temas políticos y electorales, dudas, alertas, desconcierto, indignación; y, a dado lugar a diversas lecturas y especulaciones, en ninguna de las cuáles el CNE queda bien parado.
Mucho se ha comentado y se comentará sobre el tema, y desde el ámbito ciudadano se lo debe hacer, pues no se puede pasar por alto el irrespeto a las normas democráticas, por los directivos de una institución llamada a garantizarlas.
No se sostiene desde ningún punto que se adelanten los comicios –porque se adelantan-, aduciendo que podría haber “efectos intensos asociados al fenómeno El Niño”, como inundaciones, daños de vías y de recintos electorales, lo que dicen afectaría la posibilidad de ejercer el derecho a votar de un número importante de electores.
Al escuchar y leer lo que pretenden ser justificaciones para la decisión, lo menos que provoca es desconcierto, muchos –como me pasó a mí- habrán releído o repetido la transmisión para confirmar que era real lo aprobado por cuatro de cinco consejeros del CNE, pues la primera reacción sin duda fue pensar que se trataba de un error, ya que un absurdo de esas proporciones parecía fruto de una mala broma.
Algunos menos píos habrán pensado que la capacidad de predicción de fenómenos naturales, es un milagro de Cuaresma, frente al que los crédulos consejeros se han rendido de lleno.
De lo dicho por Atamaint y Pita, presidente y vicepresidente del CNE, parecería que los técnicos ecuatorianos, los equipos e información de la que se dispone en el país, son mucho mejores que los demás en el mundo, pues señalar, con un año de anticipación los potenciales efectos devastadores que va a tener un fenómeno natural cíclico es realmente sorprendente.
En el Informe Técnico No. SNGR-SGIAR-2026-005, de 13 de marzo de 2026, dirigido por el Lic. Virgilio Benavides, Subsecretario de Gestión de Información y Análisis de Riesgos, a la Mgs. Carolina Lozano, Secretaria Nacional de Gestión de Riesgos, que es referido por esta al CNE y en el que dicen se basa la decisión del órgano electoral, se señala que: “Históricamente en el Ecuador el Fenómeno El Niño provoca lluvias intensas, inundaciones, pérdidas agrícolas, afectaciones a infraestructura y problemas de salud pública, generando importantes impactos sociales y económicos.”, se refiere la “probabilidad creciente de desarrollo de condiciones El Niño que iniciaría el segundo semestre de 2026 extendiéndose hasta los primeros meses del año 2027… Estas condiciones pueden coincidir o superponerse con la época lluviosa del Ecuador, por ende, los efectos climáticos se potencian, lo que puede generar eventos hidrometeorológicos mucho más intensos, frecuentes y de mayor impacto. Esto ocurre porque dos factores que producen lluvia actúan al mismo tiempo.”.
Se dice expresamente que: “La información científica disponible no confirma aún la ocurrencia del fenómeno, pero sí evidencia señales oceánicas y atmosféricas que justifican mantener un enfoque preventivo, a fin de reducir los posibles impactos sobre la población, la infraestructura y los sectores productivos del país…Los escenarios descritos constituyen proyecciones probabilísticas sujetas a actualización permanente conforme evolucione el sistema climático, por lo que el presente documento tiene carácter informativo y de apoyo para la toma de decisiones en materia de gestión del riesgo.” (El resaltado me corresponde)
Informes como el señalado, entendemos es una práctica regular, que apunta a apoyar la preparación y prevención, el de marras no es de alerta, es informativo, pero se lo toma, o más bien se lo usa, como una verdad irrefutable.
Si lo que esgrimen hoy las máximas autoridades del CNE, fuera una razón válida para la toma de decisiones de peso, como la de adelantar las elecciones, debió haberse tenido en cuenta cuando se discutía en la Asamblea Constituyente el texto de la Constitución de la República y luego en la Asamblea Nacional la Ley Orgánica Electoral, pues el Fenómeno El Niño se presenta todos los años, entonces, nunca debieron haberse realizado las elecciones en el primer trimestre del año. Sólo para ejemplificar, desde la vigencia de los dos cuerpos normativos, se han realizado en febrero de distintos años -mes en el que el fenómeno está presente-: cuatro elecciones presidenciales en primera vuelta, tres elecciones seccionales, tres referéndums y/o consultas populares.
Varios periodistas y entrevistadores han requerido de presidente y vicepresidente del CNE precisiones respecto de las normas legales que les faculta anticipar las elecciones, sin obtener respuesta de ninguno de los dos, solo evasivas y gagueos.
Atamaint, se dice y contradice, ha querido confundir dentro de su propia confusión, señalando que no se anticipa la elección sino la votación, porque son dos cosas diferentes, que una cosa es la votación o sufragio y otra la elección. Ella dice que la elección es: “cuando se define que una autoridad se declara ganadora, es posterior al día de las votaciones, cuando se han agotado todos los recursos que se pueden interponer en lo administrativo y jurisdiccional y es cuando se proclaman los resultados y termina con la entrega de credenciales, ahí apenas se puede decir que una autoridad ha sido electa”.
El diccionario de la Real Academia de la Lengua, señala las siguientes acepciones de elección: 1. Acción y efecto de elegir. 2. Designación, que regularmente se hace por votos, para algún cargo, comisión, etc. 4. Emisión de votos para designar cargos políticos o de otra naturaleza.
La presidenta del CNE maneja a su antojo los términos, pretende inventar burdamente acciones y conceptos para justificar la decisión.
Es claro que al momento de depositar el voto estamos haciendo nuestra elección, que el proceso electoral concluye con la proclamación de resultados y entrega de credenciales, pero la fecha de elección es sin lugar a dudas la de la votación.
Para completar el panorama, en una entrevista en Radio Gaviota de Machala, el Presidente de la República, al referirse al cambio de fecha de las elecciones dice: “estamos asegurando de que exista competencia”, luego apunta “no lo hice yo, lo hace el CNE” y en seguida repite “estamos garantizando que todos puedan votar y eso significa adelantarlo al 29 de noviembre”, como si él fuera también responsable o autor del dislate (¿?), aceptando eso sí, que la decisión adelanta las elecciones.
Argumentos hay muchos en contra de la decisión del CNE. Hay demandas de inconstitucionalidad que deberá resolver la Corte Constitucional. En este país de los absurdos, a los que elegimos no nos queda más que esperar.
Portada: imagen tomada de https://webhistorico.epn.edu.ec/
Mujer estudiosa y analítica, lectora atenta y escritora novel. Doctora en Jurisprudencia y Abogada – Universidad de Cuenca, Máster en Gestión de Centros y Servicios de Salud – Universidad de Barcelona, Diplomado Superior en Economía de la Salud y Gestión de la Reforma – Universidad Central del Ecuador. Docente de maestría en temas de políticas públicas y legislación sanitaria –Universidad Católica de Santiago de Guayaquil; en el área de vinculación con la sociedad, legislación relacionada con el adulto mayor – Universidad del Adulto Mayor. Profesional con amplia experiencia en los sectores público y privado, con énfasis en los ámbitos de legislación, normativa y gestión pública.