Los pueblos andinos pre hispánicos comprendían que eran parte de un mundo vivo en relación con la Pachamama y el Pacha Tata. Esta espiritualidad de vida estaría presente en todos los pueblos del Abya Yala y del mundo. Venimos de una matriz gestante única, del palpitar del pulso de la Madre Tierra en comunión con el pulso del Gran Cosmos. Somos obra del Gran Espíritu, del TODO: del sol, la luna, el viento, las montañas, los árboles. Vivimos con la naturaleza, criándonos con ella. De esta relación surge la espiritualidad que es el cimiento para poder resistir a las transformaciones. El principio cosmogenético nos habla que todo es consciente, interrelacionado; y de este principio tenemos la cosmovisión de los pueblos nativos que toda realidad está lleno de espíritus, de deidades, de vida.
En ese mundo vivo conviven las comunidades de los seres humanos, la comunidad de la naturaleza y la comunidad de los seres espirituales. Permaneciendo en un tiempo no lineal si no continuo y cíclico, donde el presente abarca tanto el pasado como el futuro.
El paradigma del ciclo vital andino tiene 4 fases:
El espacio de la creación, el Hanan Pacha, el Gran Creador, la energía sagrada que origina la luz.
El espacio del nacimiento: la matriz gestante que nos da vida. Por tanto, la vida es un ciclo de luz que se origina al nacer.
El espacio del crecimiento. El Kay Pacha, en este espacio está la maduración de la vida. La Tierra nos cría y se desarrolla toda lo que existe.
El espacio de la Muerte, que viene del Uku Pacha, Manga Pacha. La muerte es oscuridad y descanso. Es el retorno a su origen, al principio. Es otro viaje de la vida misma (G. Poma). Llegado el momento de morir pasamos a vivir una existencia superior, hasta que llegue el tiempo de regresar a una vida semejante a la anterior, diferente o superior. La persona al morir se queda en un punto como de observación por un tiempo largo y permanente que mira al horizonte y al cielo (Moyano 2016 p, 95).
En el espacio de la muerte están los Mallkis nuestres ancestres, las raíces de la vida. Estos espacios están interconectados: Vida-Muerte son inseparables. Por tanto, así como nacemos, morimos.” Nacer es morir y morir es nacer” (Vilca, 2010). Hay un puente, una chakana que se transita en dos direcciones, dos mundos diferentes que están a uno y otro lado y permite visitarse. No hay mundos separados; lo de arriba unido con lo de abajo.
En ese mundo de características peculiares, nada fenece tan solo cambia o muda de apariencia. Bajo esta concepción al enterrar se tenía que sembrar una plantita porque la persona no muere y va a dar origen algo nuevo. Es decir, la plantita es símbolo de creación, de inicio de una nueva etapa de vida. Pero la iglesia ordenó que pongan una cruz al pie. Así para el pensamiento andino más profundo, la muerte es solo un cambio, una transformación. Por eso el Ayamarkay killa es el tiempo de llevar a los muertos de sus pukullos (bóvedas) a las casas, hacer altares, comer, beber y hacer fiesta. Es el mes dedicado a los muertos que vuelven hacia la tierra para re-encontrarse con los vivos.
Las almas y espíritus de lxs ancestrxs empiezan a llegar desde la última semana de octubre y la primera semana de noviembre. Y para ese encuentro los seres vivientes nos vamos al ayapamba, el valle de los espíritus, llevando flores, las comidas preferidas por ellos. Alli se comparten los alimentos entre amigos y familiares. Antes se hacían en forma más solemne con música y danza. En esos espacios se medita, se dialoga; y ellos/ellas se presentan en forma de mariposas, mariquitas, de insectos, de aves, o del sonido del viento que llega y roza los rostros. Esta convivencia da sentido de unidad y restauración de la armonía cósmica y el equilibrio de las relaciones existenciales. Son tiempos propicios para el inicio de una vida nueva (Moyano, 2016). Desde el pensamiento andino el 2 de noviembre, día de las almas es muy importante porque si hemos estado pasando un tiempo de sequía y de verano, este día llueve, ya que las plegarias y los encuentros con las almitas influyen y atraen las lluvias.
Todos los actos que se celebran en honor a la conmemoración de los muertos en los distintos pueblos tienen un fundamento en las creencias relacionadas con la vida y el mundo en que entraba el muerto. La muerte no es el fin, sino un contínuum del paso de la materialidad hacia un estado intangible. En la cosmovisión andina el mundo de los muertos no es algo separado del mundo de los vivos. Tanto es así que el hecho de morir no rompe los vínculos que había con la comunidad: el difunto sigue siendo comunero/a, aunque en una nueva situación. Y que están presentes, acompañando a las familias. Así se afirman, por medio de los gestos del ritual, los lazos con la comunidad y se da nuevo sentido a su relación con el finado: las almas son protectoras, mensajeras, consejeras.
Por ello, no se puede olvidar a las almas, por cuanto si los vivos se olvidan, ellos podrían desaparecer por completo, y se cerraría para siempre el puente de re-encuentro entre vivos y muertos.
Guamán Poma nos señala “En este mes sacan los difuntos de sus bóvedas que llaman pucullo y le dan de comer y de beber y le visten de sus vestidos ricos y le ponen plumas en la cabeza y cantan y danzan con ellos. Y les ponen en unas andas y andan con ellas en casa en casa y por las calles y por la plaza y después tornan a meterla en sus pucullos” (Guamán Poma 1987: 287).
En conclusión, podemos decir que no venimos de la nada y vamos hacia la nada; de ser así podría generarnos angustia. Por eso creemos que hay vida después de la muerte. Cuando morimos nuestra vida regresa a la Pacha (la energía viviente del cosmos). De esta forma integramos nuestro espíritu (nuna) a la energía universal o Kawsay Pacha. Por eso, la vida tiene un sentido único; va hacia delante (…) no se repiten Desde una visión holista de la realidad. donde cada parte está vinculada al todo, y todo repercute en sus partes (Moyano, 2016, p. 93).
Cada año los espíritus vienen para alimentarse y dar ayuda a los vivos. Dar mucha energía para continuar existiendo. Pero esta celebración de nuestros ancestros es reemplazada con el día de Todos los Santos y Día de Difuntos de acuerdo a la ritualidad católica, en donde se debe pagar al párroco la celebración de la misa para orar por las almas.
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Nativa de Saraguro. pertenece a la nacionalidad Kichwa. Estudió en Zamora en la Escuela de Líderes. Cursó estudios universitarios en Cuenca. Es abogada, tiene estudios en lengua y literatura, es magister de Estudios de la Cultura y un Diplomado en Educación Intercultural Bilingüe. Maestra de secundaria y educación superior, investigadora. Ha publicado varias obras, así como artículos en revistas y periódicos. Ha desempeñado varios cargos vinculados a Educación Bilingüe. Es conductora del programa Ñukanchik llata Kashpa (Nuestra identidad) en la Radio comunitaria de Saraguro “KIPA RADIO”, FM 91.3.