El Día Internacional de la Mujer no solo invita a celebrar conquistas que, de hecho, han ocurrido a lo largo de la historia; también obliga a mirar los lugares donde ser mujer sigue siendo, literalmente, una condición de riesgo. En tiempos de guerra y autoritarismo, los cuerpos y las vidas de las mujeres y las niñas se convierten en uno de los primeros territorios de violencia.
Hoy el mundo observa con dolor el asesinato de más de cien niñas en Irán, en un contexto marcado por tensiones políticas e intereses económicos entre Estados Unidos, Israel e Irán. Una de las imágenes más estremecedoras proviene de la escuela en Minab, en el sur del país, donde decenas de niñas murieron o resultaron heridas mientras iniciaban su jornada escolar. Mochilas manchadas de sangre, aulas destruidas y cuerpos infantiles atrapados en la violencia de un conflicto que no les pertenece.
La portavoz de la Oficina de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, Ravina Shamdasani, describió la escena con palabras que retratan el horror: niñas pequeñas asesinadas al comenzar su día de escuela, una imagen que condensa la destrucción, la desesperación y la crueldad absurda de la guerra.
Por otro lado, la misma sociedad que se levantó tras la muerte de Mahsa Amini, símbolo de la lucha por la libertad y la dignidad femenina, detenida por la llamada “policía de la moral”, sigue enfrentando un aparato estatal que controla la vestimenta, la movilidad y las libertades básicas de las mujeres.
En los últimos años, las iraníes han protagonizado protestas masivas contra la imposición estatal sobre sus cuerpos y sus libertades. La represión ha sido una constante: arrestos, persecución judicial y violencia contra quienes reclaman derechos básicos.
Un Estado que ha convertido el cuerpo femenino en campo de regulación política evidencia que la violencia contra las mujeres no es un hecho aislado, sino un problema estructural.
Pero esta tragedia no puede leerse de manera aislada. En Gaza, escenario del conflicto entre Israel y Hamás, miles de mujeres y niñas viven entre bombardeos, desplazamientos forzados y la pérdida constante de familiares. Las cifras suelen enumerar muertos y destrucción material, pero detrás de cada número hay hambre, madres que entierran hijos, niñas que pierden su infancia y mujeres que intentan sostener lo poco que queda de sus comunidades en medio del colapso.
Las guerras no afectan a todos por igual. En los conflictos armados, las mujeres sufren formas específicas de violencia: abuso sexual, explotación, desplazamiento forzado y la carga desproporcionada de sostener la vida cotidiana en medio de la devastación. Pero incluso fuera de los frentes de batalla, el autoritarismo reproduce otras guerras silenciosas contra ellas.
Por eso, hablar del Día Internacional de la Mujer también significa reconocer que la lucha por la igualdad y la libertad sigue siendo profundamente desigual en el mundo. Mientras en algunos lugares se celebran avances, en otros las niñas mueren en sus escuelas y las mujeres son castigadas por ejercer su autonomía.
Este día recuerda que los derechos de las mujeres no son una conquista definitiva. Son un terreno en disputa permanente. Y cada niña asesinada en una guerra, cada mujer reprimida por un régimen autoritario, es un recordatorio brutal de que la igualdad sigue siendo, para millones, una promesa todavía pendiente.
Portada: imagen tomada de https://n9.cl/qybpok

Rosana Encalada Rojas, soy periodista con experiencia en radio, prensa y televisión. He sido docente y he trabajado también en Relaciones Públicas y Comunicación Organizacional. En la actualidad trabajo en la Dirección de Comunicación de la Universidad de Cuenca y en Radio Antena Uno. Soy directora del Portal Digital Voces Azuayas.