En 2024, Trump dijo que los migrantes están envenenando la sangre de su país. En otros momentos, señaló que iría “detrás de lo peor de lo peor”. Una de las personas por las que fue detrás tiene cinco años, es ecuatoriano, y su foto, siendo detenido por agentes del ICE, ha conmovido en diferentes latitudes. Su nombre es Liam y su estigma es el color de la piel. Ese niño es hijo de los sures del mundo y el espejo del actual orden global, en el que todo circula libremente -mercancías, capitales, símbolos e ideas-, menos los seres humanos, limitados en sus derechos al concepto de ciudadanía nacional.
Sobre Trump se puede decir mucho, aunque nada positivo. A estas alturas, no hay duda de que su ideología autoritaria y ultranacionalista encarna el fascismo, con un gobierno que ha promovido el terrorismo de Estado, la tiranía, el racismo y la violencia expansiva. Trump es una amenaza para la paz, la democracia y el multilateralismo. Sobre todo, es una amenaza para la vida. El líder del país más poderoso del planeta no hace sino sembrar el odio y el racismo.
Lo que vive Estados Unidos es la necropolítica a la que refirió Achille Mbembe: la sumisión de la vida al poder de la muerte. La necropolítica, liderada por Trump y ejecutada por los agentes del ICE, no afecta solo a los cuerpos de los migrantes, sino también de los estadounidenses; los asesinatos de Renée Good y Alex Pretti dan cuenta de ello. Trump muestra al mundo, y sin reparo, su rostro cruel e inhumano.
Paradójicamente, en nuestro país, periférico y de limitada trascendencia geopolítica, el presidente Noboa, una vez más, guarda un estridente silencio, servil y cómplice. No ha dicho nada sobre Liam. Tampoco lo hizo ante los niños de Las Malvinas y los pequeños de Taisha. Su silencio es coherente con su apoyo al régimen criminal y genocida de Netanyahu. Actitud consecuente con su relación con el mercenario Erick Prince, privatizador de la guerra y quien presionaba a la Casa Blanca para que empresas privadas participen en las deportaciones masivas. Ese mutismo, asimismo, es congruente con sus halagos e invitaciones a Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, pieza clave en la cadena de mando del ICE, quien nombró como comandante en jefe de la patrulla fronteriza a Greg Bovino, figura visible de la cacería de migrantes emprendida por Trump.
La amistad de Noboa con el gobierno de Estados Unidos está orientada a proteger las inversiones privadas y no a las personas. Liam es el rostro del Ecuador, país atravesado y sostenido por la migración. En este pueblo de migrantes, el silencio de Noboa es proporcional a su desinterés por la vida de los ecuatorianos y ecuatorianas, al igual que su indolencia ante las infancias. Hoy, más que nunca, los migrantes son huérfanos de patria y, todos nosotros, de líder. Los ecuatorianos no le importamos a Noboa. Nuestros intereses no son sus intereses. El comunicado de Cancillería sobre el caso de Liam es escueto, al tiempo que sería contradictorio emitir un reclamo enérgico ante el intento de los agentes del ICE de ingresar al Consulado de Ecuador en Minneapolis. Después de lo ocurrido con la Embajada de México en Quito, ¿cómo puede Ecuador exigir que se respete la inviolabilidad de los locales de las misiones diplomáticas?
Para los gobiernos de ese y este lado de la frontera, la realidad de los pueblos que gobiernan les es ajena e indiferente. No obstante, allí, donde se cultivan los monstruos, también se siembra la esperanza. En Minnesota, miles de ciudadanos estadounidenses se toman las calles para exigir que se frene la violencia contra los migrantes. Mientras Noboa calla, ellos corean en español una de las más conocidas canciones protesta de Latinoamérica, recordándonos el poder del pueblo unido.
Allá, en las calles de Minneapolis, ciudadanos norteamericanos se organizan, arriesgan sus vidas, ponen el cuerpo y arman barricadas para proteger a los extranjeros, recordándonos la otra cara de los Estados Unidos y del mundo. Minnesota, sin lugar a dudas, es una luz en medio de la oscuridad.
En uno de los carteles que aparecen en las imágenes de las protestas en Minneapolis, se lee: “Children are not bait. Do not be silent” (Los niños no son cebo. No te quedes callado). Minnesota nos recuerda que la esperanza aún es posible. Aquí, en cambio, seguimos inmóviles. ¿Por qué continuamos callando?
Portada: imagen tomada de https://n9.cl/kqdam
Antropóloga, Doctora en Sociedad y Cultura por la Universidad de Barcelona, Máster en Estudios de la Cultura con Mención en Patrimonio, Técnica en Promoción Sociocultural. Docente-investigadora de la Universidad del Azuay. Ha investigado, por varios años, temas de patrimonio cultural, patrimonio inmaterial y usos de la ciudad. Su interés por los temas del patrimonio cultural se conjuga con los de la antropología urbana.