MíO, NUESTRO
En el Podcast Café de la Cuatro, presentado por Pablo Estrella Vintimilla -que se transmite en esta casa-, hace pocos días estuvo como invitado Fabián Corral Burbano de Lara. La conversación mantenida entre los colegas, aportó elementos importantes para la reflexión y el análisis, en algunos de los cuales me apoyaré para esta entrega.
El tema planteado por Pablo es trascendental, MI PAÍS, NUESTRO PAÍS, al respecto Corral propone no perder la fe en el país en el que “se alojan las familias”, que son finalmente quienes lo construyen.
Utilizando los adjetivos posesivos, mío y nuestro hablan del Ecuador, de mi país, entendido como “un acto de apropiación a nuestra querencia” que “implica la coincidencia con los demás, de manera que mi país termina siendo nuestro país” –dice Corral-, el país del parque, de la escuela, del libro, de la fe en él, de la familia y los amigos, en el que nacimos, crecimos, nos formamos, volvimos, aprendimos mucho de lo que sabemos, en el que hemos construido nuestra vida y los afectos. Nos proponen –lo suscribo- creer en él, lo que implica creer en nosotros, en un nosotros que incluye a otros a los que también les importa. Creer en ese nosotros con valores, en un conglomerado que sentimos y sabemos que nuestro país no es sólo un espacio territorial sino uno vital que nos emociona, nos duele, nos conmueve y nos mueve, como lo hace la familia, los amigos, a los que cuidamos y queremos, a los que dedicamos esfuerzo, tiempo, desvelos, a los que defendemos y amamos.
Entonces, si el país es mío, es nuestro, nos tiene que importar, lo debemos cuidar, haciendo el bien y haciendo bien aquello que nos corresponde para beneficio individual pero sobre todo colectivo, sin normalizar lo deplorable que ocurre y que no debemos soportar: la corrupción, la violencia, los comportamientos mafiosos, las mafias, el populismo, la politiquería, el abuso de lo público, el quemeimportismo frente a todo lo que directamente no me/nos afecte, la doble moral, la desinstitucionalización, la anulación del pensamiento crítico…
Esa apropiación nos permite estar atentos para mirar el país mío y nuestro que nos sorprende cada día con su belleza y potencialidades, que nos enorgullece y que depende de todos y cada uno para ser viable.
Reivindico también el uso de los adjetivos mía y nuestra para referirnos a Cuenca, la ciudad en la que nacimos, en la que vivimos, la que amamos porque es nuestra casa, nuestro hogar elegido o destinado, construida –como dice Corral- por las familias, por los morlacos que la han engrandecido, que han hecho de ella uno de los mejores sitios para vivir. Ciudad que tiene que seguir siendo cuidada y defendida de la demagogia, de los malos gobernantes, de quienes ocupan cargos en el servicio público y se aprovechan de él, de aquellos incondicionales del que comanda los abusos, el mal trato, el mal gusto, la chabacanería, que entre sí se llaman amigos, cuando en general –como dice Irene Vallejo- tienen “relaciones clientelares, complicidades y redes de intereses creados”, es decir “son amistades peligrosas, pues en política, que es servicio público, hay que ser más leal a los desconocidos que a los amigos.”, pues los desconocidos son los ciudadanos, los vecinos del lugar.
En contrapartida, rechazo y condeno la pretendida apropiación de los otros, por parte de politiqueros, populistas y abusivos que suelen referirse a “nuestros niños” “nuestros adultos mayores” “nuestras mujeres” pretendiendo que los defienden, cuando en realidad los utilizan como muletillas para ganar voluntades. De la misma manera a quienes asumen que son dueños de las instituciones a las que temporalmente dirigen, atribuyéndose como propias a nivel personal las obras que se ejecutan, buscando y esperando agradecimiento y “veneración” por parte de aquellos a los que benefician o aparentemente lo hacen, como los presidentes, alcaldes o prefectos, que con dinero público ensalzan su imagen, publicitando por distintos medios y verbalizando en primera personas las maravillas que dicen haber realizado, como si lo hicieran con sus propias manos y con dinero de sus bolsillos.
Mi país, nuestro país, mi ciudad, nuestra ciudad, que existen por y para la gente, merecen y necesitan nuestro contingente y respeto, merecen que las decisiones y acciones que involucren a la vida en colectivo las asumamos con responsabilidad, con conciencia del bien y el mal que podemos generar o a los que podemos contribuir.
Portada: imagen tomada de https://mundomapa.com/
Mujer estudiosa y analítica, lectora atenta y escritora novel. Doctora en Jurisprudencia y Abogada – Universidad de Cuenca, Máster en Gestión de Centros y Servicios de Salud – Universidad de Barcelona, Diplomado Superior en Economía de la Salud y Gestión de la Reforma – Universidad Central del Ecuador. Docente de maestría en temas de políticas públicas y legislación sanitaria –Universidad Católica de Santiago de Guayaquil; en el área de vinculación con la sociedad, legislación relacionada con el adulto mayor – Universidad del Adulto Mayor. Profesional con amplia experiencia en los sectores público y privado, con énfasis en los ámbitos de legislación, normativa y gestión pública.