LAS CIENCIAS SOCIALES LATINOAMERICANAS: hacia una producción contrahegemónica del conocimiento
Resumen:
En este artículo reflexiono sobre el papel de las ciencias sociales latinoamericanas en un contexto marcado por la hegemonía de los conocimientos producidos en Europa y Estados Unidos. Planteo que las ciencias sociales latinoamericanas tienden a reproducir el pensamiento hegemónico, favoreciendo las teorías y metodologías del “Norte” y deslegitimando los conocimientos originados en el “Sur”. Cuestiono la invisibilización de los saberes de grupos minorizados. Asimismo, discuto la aplicación de criterios neoliberales en la evaluación del quehacer científico. Concluyo que las ciencias sociales latinoamericanas tienen el potencial de contribuir a un pensamiento contrahegemónico, que valore las realidades locales y los conocimientos no hegemónicos, promoviendo una producción de conocimiento más crítica y comprometida con las problemáticas sociales de la región.
Palabras clave: ciencias sociales; América Latina; pensamiento contrahegemónico; compromiso social
Introducción
En el marco del debate en torno al papel de la enseñanza de las ciencias sociales latinoamericanas, en este trabajo me interesa destacar algunas reflexiones frente a varios cuestionamientos: ¿Cuál es la contribución de las ciencias sociales originadas en la región al campo de la producción de conocimiento mundial, en un contexto caracterizado por hegemonía europea y estadounidense? ¿Cuál debe ser rol del científico/a social en un campo que promueve la transmisión de la gran teoría social, originada en otros contextos, en desmedro de la investigación de nuestras realidades? ¿Cómo hacer frente a la invisibilización de los aportes de los autores negros/afrodescendientes y de otros grupos minorizados en la academia latinoamericana y caribeña? ¿Cabe hablar de compromiso social en un escenario que adopta cada vez más criterios empresariales para la evaluación del quehacer académico y de investigación?
En la primera parte presento un análisis en torno a los mecanismos a través de los cuales las ciencias sociales latinoamericanas reproducen el pensamiento hegemónico. En la segunda parte examino el rol de las y los científicos sociales en un contexto neoliberal. En la tercera sección reflexiono sobre la contribución que las ciencias sociales latinoamericanas pueden hacer al desarrollo de un pensamiento contrahegemónico. En la parte final presento las conclusiones del trabajo.
La hegemonía de las ciencias sociales europeas y norteamericanas
De acuerdo con Lemos Igreja et al. (2019) la enseñanza de las ciencias sociales latinoamericanas se caracteriza por promover la transmisión del pensamiento procedente de Europa y los Estados Unidos. De acuerdo con los autores citados, las ciencias sociales de la región privilegian la reproducción del conocimiento originado en “el Norte” y desprecian la producción científica desarrollada en “el Sur”.
En efecto, que el marco teórico-metodológico producido en aquellos contextos deba aplicarse a nuestras realidades es una concepción que caracteriza a las ciencias sociales latinoamericanas. Esta práctica favorece la percepción de superioridad de las teorías y metodologías desarrollados en Europa y Estados Unidos y el desconocimiento de las capacidades de análisis e innovación científica de la región (Lemos Igreja et al., 2019).
En el mismo sentido, Cano (2012) considera que la enseñanza de las ciencias sociales en nuestro continente pone un énfasis excesivo en el estudio de autores “clásicos” y la “erudición” del científico/a social. Sostiene que el tipo ideal de científico/a social se caracteriza por su capacidad de citar autores, antes que por su aporte a la investigación empírica.
En el diagnóstico sobre la enseñanza de las ciencias sociales que realiza Cano (2012) se destaca la primacía que se otorga a la gran teoría social, más que a las teorías intermedias o a las micro teorías apropiadas para campos concretos.
De esta forma, dice el autor, se privilegia la teoría sobre la investigación y se promueve la transmisión (y yo agregaría la memorización) del conocimiento producido en otros contextos, antes que la investigación de nuestras realidades.
En este contexto, se produce el silenciamiento de otras voces, conocimientos y experiencias no hegemónicas. Así lo destaca Carneiro (2010), citada por Santos (2019), para quien, el proceso de silenciamiento del pensamiento intelectual negro/afrodescendiente se produce cuando se deslegitima el aporte de sus académicos y se desprecia el conocimiento producido fuera de la academia por intelectuales y activistas negros/afrodescendientes.
Este proceso, que sin duda produce subjetivación y violencia para los miembros de las comunidades minorizadas, se impone al no promover el conocimiento y estudio de los aportes de los autores/as negros/afrodescendientes (Santos, 2019), y otros grupos subalternos, en la academia latinoamericana y caribeña.
Pero, además, Lemos Igreja et al. (2019) plantean la necesidad de considerar las condiciones generales de investigación en la región, sus posibilidades y limitaciones. ¿Quién hace investigación en la región? ¿Quién financia los programas de investigación? ¿A qué líneas de investigación se destina el financiamiento de la investigación? ¿Cómo hacer investigación en países latinoamericanos y caribeños, profundamente desiguales y debilitados?
En este sentido, me parece sumamente interesante la propuesta de analizar cuáles son los estándares en torno a la producción académica de la región y cómo estos impactan en la producción de un conocimiento propio y alternativo. Al respecto, Lemos Igreja et al. (2019) plantean la importancia de evidenciar y denunciar los mecanismos de vigilancia y control del trabajo intelectual de la región, teniendo en cuenta que la academia latinoamericana no ha sido crítica en cuanto a la reproducción, en su quehacer, de criterios económicos neoliberales.
El mercado de las publicaciones científicas es un ejemplo de ello (Hamel, 2017). De acuerdo con este autor, los estándares para la publicación de artículos científicos son parte de los mecanismos de control que desarrolla el imperio anglosajón para descalificar formas de funcionamiento, distribución y difusión del conocimiento no hegemónicas. El control de las publicaciones científicas resulta ser el componente más visible y manejable de la investigación científica. Al ubicar a un reducido número de revistas en la cúspide de la jerarquía, a través de su lengua de publicación, asumiendo al inglés como idioma “universal”, se invisibiliza la investigación de América Latina y El Caribe en el contexto de la producción científica internacional.
En opinión de Hamel (2017), el proceso de invisibilización descrito forma parte de una estrategia más amplia del régimen internacional de control de los flujos de capital, materias primas, bienes y servicios, información, conocimientos y personas que caracteriza el nuevo orden mundial. “Para lograr este nuevo orden, la gobernanza depende de la universalización de ciertos valores neoliberales de comunicación y categorización del mundo, unificados y controlados globalmente. procesos estructurados a través del lenguaje…” (Hamel, 2017: 232).
Las expresiones de la ciencia que se escapan del control imperial son marginadas a través de diferentes esquemas de jerarquización, selección y exclusión, como es el caso de los sistemas de ranking y de índices de citas (Hamel, 2017). De este proceso no siempre somos conscientes las y los académicos que buscamos investigar y producir conocimiento en torno a las problemáticas que aquejan a nuestros territorios, sumidos en la pobreza, la desigualdad y la violencia.
Ciertamente, nuestras universidades se rigen cada vez más por lógicas empresariales (Hamel, 2017). Autoridades, dependencias y funcionarios asumen sin el menor sentido crítico, en sus discursos, políticas, normativas y procesos burocráticos, una serie de criterios económicos neoliberales que impactan en el quehacer cotidiano de la investigación (construcción de propuestas de investigación, la búsqueda de financiamiento, la práctica de la investigación, la relación entre academia y sociedad, la difusión de resultados).
Hamel (2017) caracteriza a este proceso como de subordinación de la educación superior a criterios económicos neoliberales de eficacia y eficiencia, de competencia por recursos escasos y de rentabilidad de sus temas y procedimientos de investigación y docencia.
El rol de las y los científicos sociales en un contexto neoliberal
¿Qué rol debe cumplir el científico/a social en un contexto que privilegia el conocimiento científico producido en Europa y Estados Unidos? ¿Qué papel le corresponde desempeñar en un creciente contexto de subordinación de la educación superior a estándares económicos neoliberales? ¿Qué papel puede desempeñar el científico/a social en la política y el activismo?
Lemos Igreja et al. (2019) sostienen que hacer ciencias sociales en América Latina implica considerar el “compromiso de los científicos sociales” en la enseñanza y en la investigación. Junto a los presupuestos teóricos, también los planteamientos metodológicos constituyen un aspecto central en el posicionamiento de los/as científicos sociales en el proceso de producción de conocimiento.
Santos (2019) sostiene que es indispensable identificar el lugar que ocupan los grupos socialmente minorizados, tal es el caso de los negros/afrodescendientes, en la investigación. Para este autor, estos grupos tienen un lugar tan demarcado para sí mismos que, cuando se manifiestan en contra de los intereses de la élite dominante del campo, son colocados en una situación de anomia.
Una reflexión similar se puede realizar respecto del rol de las mujeres en la producción de la ciencia. Conozco un grupo de mujeres científicas que se abren paso en la academia y prefieren no abordar temáticas relacionadas con la perspectiva de género, ya que consideran que hacerlo les resta identidad como científicas. A pesar de que todavía existen barreras para el acceso de mujeres a procesos de contratación, participación en investigaciones, dirección de proyectos de investigación, ellas prefieren asumir que sus logros se deben exclusivamente a sus méritos, conquistados gracias a su esfuerzo personal.
En este sentido, concuerdo con Santos (2019) cuando nos invita a asumir una postura crítica respecto de la participación de los/as científicos sociales en grupos académicos que se consideran a sí mismos como productores de la “cultura de la élite ilustrada”. Las y los científicos sociales no pueden “dar la espalda” a la cultura ancestral regional, a las situaciones de desigualdad que caracterizan a América Latina, a los aportes de quienes se alejan del modelo, a los no-blancos, a las mujeres y a otros grupos subalternos. “Para um investigador, como eu, oriundo da Maioria Minorizada, é sempre um esforço de constante vigilância não se negar, não se afastar dos processos constitutivos de sua formação e aderir às demandas, negações e signos da elite hegemônica” (Santos, 2019; 173).
A esto debemos añadir que la “academia siempre ha estado muy enfocada a establecer ella misma sus propias metodologías y no es muy abierta a campos no académicos” Sánchez (2015). ¿Cuál debe ser el rol de las y los intelectuales?
Para Rappaport, citada por Sánchez (2015), no solo se trata de valorar el saber de los informantes, mirar la historia de los pueblos desde su propio punto de vista, en un esfuerzo por reducir la relación jerárquica que produce la investigación científica. La investigación colaborativa para esta autora es aquella que reconoce a quienes sobre los que se escribe como “intelectuales en diferentes períodos”, como interlocutores. Se trata de aceptar que la investigación científica es importante pero no es la única manera de hacer investigación.
La investigación colaborativa implica un intercambio de ideas: “en mi experiencia no ha sido un intercambio de un grupo oral tradicional con académicos. No se puede poner saber tradicional versus saber académico. Es un intercambio desde diferentes posicionamientos con capacidades diferentes para teorizar, y así entiendo la colaboración” (Rappaport, citada por Sánchez, 2015: 102).
Pero, como venimos afirmando, el papel de los científicos sociales se ve afectado por condicionamientos de carácter histórico social. En efecto, nos preguntamos: ¿cuál es la consecuencia de la adopción por parte de la academia latinoamericana de estándares económicos neoliberales en los procesos de evaluación del quehacer científico?
Si el esquema de evaluación del quehacer científico se basa en última medida en criterios de carácter formal, cuantificables, entonces, no podemos esperar que el impacto de la investigación en la identificación, análisis crítico, debate y resolución de los problemas sociales de la región y de nuestros territorios locales se convierta en el criterio de valoración más importante.
Como pone de manifiesto Hamel (2017), el impacto de las publicaciones científicas es construido sin ninguna referencia al mundo real fuera del campo de las publicaciones (Hamel, 2017). Este sistema tiene implicaciones directas en el quehacer del científico/a social. Recientemente, unos investigadores del área social de una institución de educación superior buscaban integrarse a equipos de investigación de las áreas técnicas (arquitectura o ingenierías), argumentando que de esa manera podrían acceder a revistas que gozan de prestigio internacional, es decir, publicaciones en inglés. Parece que lo más importante para ellos es ascender en el ranking de investigadores, utilizando estos mecanismos, que desarrollar investigaciones que den respuesta a las demandas sociales.
Lo que se considera el “impacto” de las publicaciones no toma en cuenta la influencia real del desarrollo científico en la sociedad. Este sistema de evaluación “contribuye a un mayor aislamiento entre ciencia y sociedad y a una serie de distorsiones y perversiones sobre todo en América Latina donde existen sistemas de complemento salarial para los científicos, medidos y asignados por criterios de productividad académica” (Hamel, 2017: 240).
La contribución de las ciencias sociales latinoamericanas al desarrollo de un pensamiento contrahegemónico
¿Cuál debe ser el papel de las ciencias sociales en la comprensión de los problemas regionales? ¿Cómo a través de la producción de conocimiento respecto de problemáticas globales como el desarrollo, la desigualdad, la exclusión social, la violencia, entre otras, se puede contribuir a la reflexión de contextos más amplios? ¿Cómo construir un pensamiento alternativo desde contextos no hegemónicos?
Lemos Igreja y Rodrigues Pinto (2019) sostienen que, debido a su perspectiva regional, su carácter interdisciplinario, su enfoque comparativo y multisituado, los Estudios Latinoamericanos están en capacidad de producir conocimiento desde y más allá de la región. De lo que se trata es de recuperar el aporte de una teoría y una metodología latinoamericanas a las ciencias sociales como un todo. Para ello es necesario reconocer y valorar la contribución de las prácticas de investigación desarrolladas en la región.
Si se busca provocar una ruptura con la hegemonía de las ciencias sociales europeas y norteamericanas es necesario “introducir nuevos conocimientos a partir de nuestras condiciones, cosmovisiones y experiencias, creyendo que tenemos mucho que contribuir a los estudios mundiales, incluso para la comprensión de problemáticas vivenciadas por esas sociedades dichas dominantes” (Lemos Igreja y Rodrigues Pinto, 2019: 19).
Esto implica debatir sobre las posibilidades reales de inclusión étnico-racial (Santos, 2019), pero también de género, clase social, entre otras, y evidenciar “el lugar de enunciación” de las y los científicos sociales.
Subvertir la hegemonía de Europa y Estados Unidos implica demandar la participación activa de las mayorías minorizadas en la construcción de las políticas de enseñanza, investigación y vinculación con la sociedad. Requiere un esfuerzo para escuchar, deconstruir y permitir la incidencia de más aportes y producciones negras/afrodescendientes y de otros grupos subalternos, todavía hoy excluidos de los espacios de construcción del conocimiento (Santos, 2019).
A manera de conclusión
Son varias las condiciones que se requiere crear y los esfuerzos que se deben desarrollar para fortalecer el rol de las ciencias sociales latinoamericanas en la construcción de conocimiento que permita repensar problemáticas que caracterizan al mundo actual, desde una perspectiva no-hegemónica.
Un primer esfuerzo debe estar orientado a superar la imagen inferiorizada de las ciencias sociales latinoamericanas, promover la deconstrucción de los grandes marcos teóricos europeos y norteamericanos que se han vuelto dominantes tanto en la enseñanza como en la práctica de la investigación y desarrollar otras formas de interpretación y de análisis más adaptadas a nuestras realidades (Lemos Igreja et. al. 2019). Se trata de reconocer nuestras propias capacidades de análisis e innovación científica (Lemos Igreja y Rodrigues Pinto, 2019).
En esta dirección es indispensable recuperar el pensamiento latinoamericano y caribeño, conocer sus fuentes históricas y aportar al pensamiento contemporáneo de la región y del mundo (Lemos Igreja et. al. 2019). A partir del estudio de la desigualdad, la inseguridad, la pobreza, la movilidad humana y la violencia que caracterizan a la región, las ciencias sociales latinoamericanas pueden contribuir al conocimiento y debate de las causas y consecuencias de diversos problemas de orden global.
Es preciso denunciar el racismo epistemológico institucionalizado en el pensamiento académico tradicional de la región, promoviendo una pluralidad epistemológica y una representación étnico-racial en la base de la investigación (Santos, 2019). Es indispensable reconocer la autoría frente a la investigación, sea esta étnico-racial, de género, clase y cualquier otra pertenencia a grupos minorizados.
Todo ello, sin dejar de considerar el contexto social, político e institucional en el que se realiza el quehacer académico. Las y los científicos sociales no pueden dejar de analizar las consecuencias del establecimiento de sistemas de evaluación del quehacer académico, cada vez más basados en estándares de carácter económico neoliberal. Me pregunto con Hamel (2017) si es posible construir procedimientos de evaluación propios, más adaptados a las necesidades de la región y los territorios, que incluyan un verdadero compromiso con la sociedad y su desarrollo.
Referencias bibliográficas:
Cano (2012), “En las trincheras del método: enseñanza de la metodología de las ciencias sociales en Brasil”, En: Sociologías, Año 14, N° 31, Sep./Dic. p. 94-119.
Hamel (2017), “Enfrentando las estrategias del imperio: hacia políticas del lenguaje en las ciencias y la educación superior en América Latina”. En: Garcia Diniz; Araujo Pereira; Kaminski Alves (Orgs.), Poéticas e políticas da linguagem em vias de descolonização. São Carlos: Pedro & João Editores.
Lemos Igreja et al (2019), Hacer ciencias sociales desde América latina: desafíos y experiencias de investigación, Brasilia: FLACSO.
Lemos Igreja y Rodrigues Pinto (2019). “La contribución de los Estudios Latinoamericanos para la producción de un conocimiento global”. En: Lemos Igreja et al. Hacer ciencias sociales desde América latina: desafíos y experiencias de investigación, Brasilia: FLACSO.
Sánchez (2015). “Diálogos con Joanne Rappaport. Aportes a la etnografía de la mano del Consejo Regional Indígena del Cauca -CRIC- Suroccidente de Colombia”. En: REA, Nº 0, marzo, p. 101-108.
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Doctora en Jurisprudencia por la Universidad de Cuenca. Obtuvo un Maestría en Género y Desarrollo en la misma universidad. Posee un Doctorado (Phd) en Derecho por la Universidad Andina Simón Bolívar. Fue Directora del Instituto Nacional de la Niñez y la Familia, en Azuay, Cañar y Morona Santiago. Secretaria Ejecutiva del Concejo Cantonal de la Niñez y Adolescencia de Cuenca. Se desempeñó también como Jueza Provincial de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia del Azuay. Laboró en el Municipio de Cuenca y en el Gobierno Provincial del Azuay. Autora de artículos y libros sobre derechos y género. Ha participado como ponente y coordinadora en seminarios nacionales e internacionales vinculados a su campo de estudio e investigación
